Orden del Día / 179

•abril 10, 2014 • Dejar un comentario

 

EL LEÑADOR JOROBADO

 

jorobado 

Cuentan que una vez, luego de escalar durante once días y doce noches la colina más empinada de la Comarca, llamó a las puertas del Palacio del Rey Barguenón, un leñador que traía consigo un fabuloso obsequio para Su Majestad. El Rey no era afecto a recibir regalos, y mucho menos si provenían de un pobre hombre oriundo de la Aldea, que se presentaba de a pie, en estado deplorable a causa de tan larga travesía por senderos, peñascos y ríos. Llevaba su ropa indecorosamente sucia y desvencijada. Sobre la espalda traía una pesada hacha que curvaba su postura y que, aún librándose del bulto, no conseguía enderezar. De los pies descalzos y agrietados le brotaban callosidades oscuras y rastros de heridas a medio cicatrizar, y como si esto no bastase, aparentaba estar famélico y deshidratado. Al contrario de su penosa apariencia, el obsequio que este hombre ofrendaba a Su Majestad, resplandecía en sus manos. Dijo -el leñador jorobado- ante el emisario del Rey, que con ese hacha de cuchilla de oro y empuñadura con incrustaciones de ébano y marfil, él era capaz de conseguir lo que hasta ese momento, nadie había conseguido. Resulta ser que frente a la ventana de los aposentos del Soberano había un árbol de dimensiones descomunales que crecía veloz cada día y que impedía que dentro de la habitación se filtrara la gracia del sol y además -y esto era lo que verdaderamente perturbaba a Su Majestad- le obstaculizaba la vista a la pradera que se extendía lisa hasta las rocas, y más allá, lamía la ferocidad del Mar. Se había hecho correr la voz, en el pueblo, de que el Rey estaba volviéndose, poco a poco, un poco loco. Se rumoreaba, además, que por las noches se le escuchaba cantar con voz penosa, como un lamento:

A la mar fui por naranjas, cosa que la mar no tiene.
Me dejaron mojadito las olas que van y vienen.
¡Ay mi dulce amor!, ese mar que ves tan bello.
¡Ay mi dulce amor!, ese mar que ves tan bello es un traidor

Ya habían probado suerte, infinidad de aldeanos intentando infructuosamente talar aquel árbol para complacer al Rey y obtener a cambio una recompensa que consistía en un corcel semental, dos vacas lecheras y cinco gallinas ponedoras. Ante cada fracaso, el Consejo Íntimo y Privado de cuarenta y dos letrados de la Corte, se reunía para deliberar sobre el asunto en cuestión, delegando en el anciano más sabio de todos, la lectura del dictamen de la sentencia que siempre consistía en arrojar al inútil al pozo, a merced de la voracidad de los leones. Aún así, no desistían en el intento y seguían llegando al Palacio incesantemente nuevos postulantes para tan desafiante faena. Mientras, en la Aldea, la partida de cada hombre se traducía en una nueva viuda y en muchos más críos huérfanos de padre.


El leñador jorobado ni siquiera tuvo una oportunidad. Su aspecto era indigno para el desafío -le dijo el emisario de la Corte. Ante tanta súplica arrodillada a sus pies, el edecán no tuvo mejor idea que ordenarle que regresase por donde había venido, hasta el punto en el que el río tuerce en cascada, y procurase un aseo tanto para él como para su ropaje. Sólo así, podría estar a la altura de demostrar que era capaz de cometer la hazaña que insinuaba con tanta vehemencia. El aldeano agradeció por tan noble gesto en una reverencia, besando su mano, y partió cuesta abajo por la curva del sendero. Se demoró tres días y cuatro noches en llegar a destino, y algunas horas en mejorar su aspecto. Se abasteció de frutos a la vera del río y, sin siquiera descansar, emprendió el ascenso, otra vez, hacia el Palacio.
A mitad de camino, el deterioro había vuelto a su semblante y a sus ropas; se arrastraba con dificultad cargando el peso en sus espaldas y se le ocurrió pensar que al llegar a la cima tendría que volver a bajar para recuperar nuevamente su aspecto. Subir y bajar. Bajar y subir. In eternum. 

Como Sísifo -escuchó que alguien murmuraba.

Volteó para ver de dónde provenía esa voz, pero nadie había allí más que su soledad y una madeja de árboles rodeándolo.

Sueña el Rey que es Rey,
y vive con este engaño,
disponiendo y gobernando…
Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece,
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
Y en el mundo en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende…

Esta vez, el verso más extenso, le dio tiempo al leñador para descubrir de dónde provenía la voz recitante. Sentado tras un árbol había un hombre de calvicie brillosa y pelo blanco a ambos lados. Una banda vertical y prolija de barba canosa partía al medio su mentón. Decía llamarse Calderón y compartía con él la dicha de haber sido expulsado del Palacio dejando a los leones salivando hambrientos por sendas carnes…


APG

Queda archivado bajo el nombre de El leñador jorobado, en el cajón Ficciones Propias

Orden del Día / 178

•marzo 18, 2014 • Dejar un comentario

SEMÁNTICA DE UN BILLETE

El Oficial Ochoa tiene cuatro hijos y está a punto de jubilarse, tras veinticinco años de servicio en la Policía Federal portando un historial intachable, sin antecedentes de ningún tipo; conducta heredada de su padre gracias a quién, hoy forma parte de la Fuerza y, por sobre todas las cosas, es peronista de ley, de los de antes, endogámico; peronista por vocación desde aquel día que escuchó por primera vez de su propia boca, la anécdota de la peregrinación eterna hacia la Plaza, aquella jornada histórica de las patas en la fuente, un 17 de Octubre del `45; que motivó, a Ochoa padre, a abandonar su puesto en la garita de control vial, en el cruce de las avenidas Córdoba y Alem; que dirigió hasta el `58, año en que se instaló, en esa intersección, el primer semáforo porteño, que lo forzó a enmarcar su silbato en un recuerdo que el Oficial Ochoa hijo conserva colgado en una pared. Justamente -la anécdota de su padre seguía así-, cuando desde esa posición privilegiada divisó a la columna multitudinaria que venía marchando desde el sur, por Alem, bajó con entusiasmo para sumarse a los miles de descamisados que reclamaban, camino a la Plaza, por la liberación de Perón. Pero el afán peronista del Oficial Ochoa hijo, no tiene origen sólo en la rama paterna, no; también tuvo incidencia su madre que lo hacía dormir, noche a noche, pedal a pedal, al ritmo de la máquina de coser que le había regalado Evita, con la que remendaba sus calzoncillos pero también, cosía para afuera; que algunos vecinos, que también habían recibido una, vendieron al precio de dos damajuanas verdes de cinco litros, pero que otros tantos, como ella, dignificaron. Probablemente en esos tiempos se haya instalado el “Sino estás con nosotros, estás en contra de nosotros”: el gorilaje como categoría ideológica; en uno u otro bando, lo mismo da. Con la raíz peronista incrustada en la piel, es plausible de entender el porqué el Oficial Ochoa queda petrificado cuando me ve sobre la vereda, entre una sucesión de billetes de cien. No puede resistirse a mí, o más bien, a la imagen de Eva que traigo impresa en mí: el retrato de María Eva Duarte de Perón de perfil izquierdo, adornado con una orla de flores. En el centro superior puede leerse, aunque dudo que Ochoa preste atención a esto: “BANCO CENTRAL DE LA REPUBLICA ARGENTINA – MARIA EVA DUARTE DE PERON 07 05 1919 – 26 07 1952”, y por debajo de estas fechas la frase: “Como mujer siento en el alma la cálida ternura del pueblo de donde vine y a quien me debo” –ahora sí, Ochoa lee moviendo los labios. Está embelesado: nunca se sintió tan cerca. Aún, los billetes no pasamos por el conteo de los peritos policiales; están entretenidos rotulando las armas incautadas en el asalto al Súper Chino. Ochoa toma ventaja de la situación. Mira hacia un lado, mira hacia el otro, pergeña, no puede evitarlo, se deja llevar…, y en cuanto ve la oportunidad, se lanza sobre mí y me guarda en su bolsillo trasero. Es algo habitual en los decomisos, relevar una cantidad y declarar otra inferior. Sucede a menudo, es sabido, aunque Ochoa, en sus veinticinco años de servicio, jamás haya transgredido la Ley… Hasta hoy. Es su primera vez. Si Evita viviera…

billete

Al llegar a su casa en Lavallol, luego de que el patrullero de la 4ta lo alcanzase hasta la esquina como todos los días tras cumplir sus horas de servicio exceptuando las tardes que además hace un adicional en la cancha del Club Atlético Lavallol cuando hay partido, me coloca junto al altar de la Virgencita Claudia, Patrona de los Esteros del Iberá, que está sobre un modular, ni bien se entra al desván. Lo veo persignarse y agradecer el estar vivo. Lo observo arrodillarse en un rezo ante la Santa Patrona y ante Santa Evita, o sea, ante mí. Al segundo día, ya estoy pinchado como una estampita a un lado de la Claudia. Permanezco ahí, quietito, mientras transcurren los días, como cinco como una semana como diez noches, viendo pasar las rutinas familiares de esta gente, mientras se acumulan junto a mí las cuentas por vencer, como si implorasen a la Virgencita o a la Santa Patrona de los humildes para que sea alguna de las dos quien finalmente pague la luz, el gas, los impuestos.
La mayor de las hijas se levanta tempranísimo para ir a la facultad. El que le sigue prepara el ingreso para la escuela de Cadetes, siguiendo la tradición familiar, y los dos más pequeños (uno propio y otro, mejor no aclarar si fue un desliz de la costurerita que dio el mal paso), están escolarizados. En esta familia tipo del conurbano el salario es magro y la dignidad plena. Cuando uno de esos días, el veintitrés, se establece como límite de plazo para el segundo vencimiento de la factura del servicio de cable comunal que contrataron cuando supieron que para acceder a la TDA (televisión digital abierta) su barrio estaba fuera del área de cobertura, la hija mayor, en un acuerdo con su madre, a sabiendas de que soy necesario para completar el importe a pagar, me toma y me acomoda dentro de la boleta doblada, junto al resto de billetes. La tramoya la propuso la hija, que bajo ninguna circunstancia estaba dispuesta a perderse otra vez los capítulos de Avenida Brasil, como el último mes en que les cortaron el servicio de cable por falta de pago. La madre estuvo de acuerdo; tampoco quería perderse la novela. El complot consistía en reemplazarme por una fotocopia color que la hija haría en la librería de la otra cuadra, a pesar de que el Chavón de la fotocopiadora, que la conocía desde el colegio, le advirtiera que era un delito fotocopiar billetes, y que ella se defendiera argumentando que se trataba de un trabajo práctico para la facultad. El Oficial Ochoa jamás advirtió el cambio. Para él, nunca fui un billete. Era puro simbolismo: yo encarné siempre a Eva Perón, Jefa espiritual de la Nación, que un 26 de julio de 1952, siendo las 20:25, entró en la inmortalidad.

APG

Queda archivado bajo el nombre de Semántica de un billete, en el cajón Ficciones Propias

Orden del Día / 177

•enero 7, 2014 • Dejar un comentario

Fragmento de la novela Ezeiza/Barajas

 

(Página 23)

El rostro se le transformó de golpe. Su cara se volvió máscara rígida como una roca, creando nuevas aristas más duras, huesudas y brutales. El monstruo tomó con una mano su cuello mientras la otra -la diestra- se alzó hasta su cara para abofetearlo. Los enormes auriculares de Kevin volaron por los aires y, en el impulso, arrastraron al discman que tenía trabado en la presilla del jean. Yo sólo atiné a atajar el vaso salvándolo del precipicio que lo acechaba. Pero antes de eso, el adolescente, había bebido a sorbetones ávidos la gaseosa y expirado un eructo que sonó con la furia de un trueno en el más tormentoso de los cielos; y antes del antes, yo me encontraba quitando las botellas del pack para ubicarlas en la heladera cuando Kevin se interpuso apoyando con énfasis un vaso vacío, en la mesada, delante mío; yo le serví y Eduardo (la bestia) irrumpió con un: “Pedí como se debe. No seas bestia”. Entonces él susurró un por favor que se perdió bajo la música que filtraban sus auriculares (que yo alcancé a oír pero tal vez Eduardo, no; o le pareció que no era suficiente la levedad con la que acataba, y eso lo enfureció), y Kevin bebió y eructó y vino el sopapo que lo instigó a encerrarse en su cuarto para salir recién por la noche para sentarse a cenar en una cena que transcurrió tiesa en la que sólo para él, el silencio no era real; lo sabíamos -nosotros tres- sólo con verlo abstraído bajo sus enormes auriculares remendados con cinta autoadhesiva, su talón derecho pisando rítmicamente en el lugar y su mano liberando los dedos, al compás, en un punteo sobre las cuerdas invisibles de su panza. Después de tres porciones de fugazzeta y otras tantas de napolitana se levantó -pipón- para volver a encerrarse. Con llave. Pero antes del encierro, Eduardo hizo un gesto como para intervenir, acción que conseguí disuadir con la mímica de una seña que él bien entendió: que lo dejara ir. Que lo dejara en paz. Que nos dejara en paz. Que ya había sido suficiente.

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APG

Orden del Día / 176

•diciembre 30, 2013 • Dejar un comentario

DE CÓMO DELACROIX PROVOCA ASPEREZAS

DIPLOMÁTICAS ENTRE FRANCIA Y CHINA


Publicado originariamente en Nación Apache

Es 27 de julio de 1830. Los parisinos se alzan por las calles formando barricadas bajo una proclama popular: cambiar a un rey tirano por uno más liberal. El éxito de la revuelta provocaría, el 2 de agosto, la abdicación de Carlos X y el fin de la monarquía de los Borbones. Eugene Delacroix está situado en medio del levantamiento como un mero espectador. Observa pasivo, impávido, aterrado. Esto apunta el escritor Alejandro Dumas que no lo pierde de vista en su calidad de testigo presencial desde un lugar de privilegio, y dice además, que recién cuando Delacroix advierte flamear la Bandera tricolor sobre la Catedral de Notre Dame, que no había vuelto a ser izada desde los tiempos de la Revolución Francesa, comienza, eufórico, a vitorear cánticos glorificando al pueblo. Días después, ya en su estudio del Quai Voltaire, con vista al Sena, Delacroix le escribe a su hermano: “Mi mal humor está desapareciendo gracias al trabajo duro: me he embarcado en un tema moderno: una barricada, y si no he luchado por mi Patria, al menos pintaré para ella”.

Se trataba nada más ni nada menos que del cuadro La libertad guiando a un pueblo, en el que pinceló los sucesos vividos creando una obra de arte inmensa que haría historia. Delacroix, que en ese momento tenía 32 años, se demoró apenas tres meses para finalizar el lienzo, en un estado de excitación febril, con mínimas horas de sueño. El resultado: una imagen que resume y revela la idea de la revolución en el Arte: la fuerza imparable de la multitud que se avecina (el joven que encarna el ímpetu de la juventud; el obrero, a la clase trabajadora, y el burgués, a la intelectual), y la figura de la Diosa clásica central, embadurnada de la suciedad de la batalla, que lidera esa gesta callejera: una mujer cuya túnica desprendida deja al descubierto sus pechos, sublevándose también a la moral de época. Lleva en alza la Bandera tricolor y la bayoneta. Simboliza Francia y la Libertad. La alegoría se instala en el inconsciente colectivo trascendiendo al tiempo.

Es Agosto de 1944. Surgen barricadas en el centro de París. Es la Resistencia Francesa que enfrenta a las tropas nazis de ocupación. Finalmente, el General de Gaulle convoca a un referéndum para establecer un gobierno para la Francia recién liberada. El anuncio va acompañado de una reproducción de la imagen de la Libertad, de Delacroix. En los años de posguerra, esta imagen se convirtió no sólo en el símbolo de la Revolución Francesa o de la libertad sino de la misma Francia.

Es Mayo del ´68. La barricada ya forma parte de la mitología de la Revolución. Así lo entiende esta nueva generación de estudiantes que, en la era de los medios masivos y la fama instantánea, crea su propia versión de la Libertad, de Delacroix.

MAYO 68

Se trata de una joven, Caroline de Bendern; es llevada en andas, entre la estudiantina, con su brazo levantado enarbolando la Bandera tricolor. La imagen impactante se convierte en blanco de los reporteros y la fotografía es portada de la revista París Match; la reproducen velozmente medios de prensa extranjeros. La figura viaja ahora por el mundo como embajadora de su Nación.

El ícono revolucionario de Delacroix queda cimentado como sentimiento social. Se viraliza. Ilustra papel moneda, sellos postales, afiches, panfletos y graffitis. La actitud provocadora de la mujer en pechos simboliza el comienzo de la batalla por la emancipación femenina contra un orden moral que se desmorona en caída libre.

Es 30 de Mayo de 2013. La Agencia EFE de noticias informa que el presidente de Francia, François Hollande, y el ministro chino de Asuntos Exteriores, Wang Yi, acordaron hoy estrechar la cooperación de sus países para celebrar el próximo año el 50° aniversario del establecimiento de relaciones bilaterales, entre Francia y China. En ese marco, el cuadro de Delacroix viajaría a Pekín en 2014, como parte de un programa de 380 proyectos culturales organizados para dicha conmemoración.

Fines de Diciembre de 2013. Estamos a días del evento. La palabra empeñada está en riesgo de ser cumplida. Francia ya no estaría dispuesta a trasladar La libertad seguida por un pueblo a la ciudad de Pekín. Las razones que alega son de carácter técnico, y refieren a la fragilidad de la obra que no toleraría el traslado a pesar de que ya lo ha hecho en infinidad de oportunidades a infinidad de naciones, como por ejemplo, el último viaje a Tokio en 1999, avalado por Jacques Chirac, para festejar el año Francia-Japón. Lo que subyace es que Francia no quiere ver asociado el cuadro de Delacroix, emblema de Libertad, a una Nación sometida a un régimen autoritario y represor. Pensemos que cuando, el 27 de Julio de 1830, el pueblo parisino explotó en las calles fue porque Carlos X intentaba abolir la libertad de prensa y disolver la Asamblea recién elegida. ¿Por qué razón admitiría ahora comulgar con un país en donde la situación es análoga al París de esos años? El ambiente en China, se va agravando en ese sentido: las autoridades, molestas con las informaciones sobre la corrupción y el enriquecimiento ilícito de sus líderes amenaza con no renovar visados a corresponsales occidentales. Incluso han bloqueado páginas de Internet e impuesto nuevos controles del tipo de exámenes marxistas a sus periodistas. Mientras el Director del Louvre sostiene que la última palabra la tendrán los expertos, todos sabemos que la decisión final y costos políticos la tomará el presidente François Hollande, en persona. Recordemos que el primer reconocimiento de China como República Popular por parte de un líder occidental fue del presidente francés Charles de Gaulle, en enero de 1964. ¿Será François Hollande, medio siglo después, el primero en negarla?

Pocos días antes de morir (13 de agosto de 1863) Eugene Delacroix escribió en su diario: “El primer mérito de un cuadro es presentarse como una fiesta para los ojos. Esto no significa que no deba quedar espacio para la razón”

Pues, razonemos.

APG

Queda archivado bajo el nombre de Delacroix entre Francia y China, en el cajón Columnas Actualidad

Orden del Día / 175

•diciembre 4, 2013 • Dejar un comentario

GENIOS DESTROZADOS

Vida de artistas

de Daniel Guebel

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Marcos Mayer sostiene -asumo haberlo leído en algún lugar que no puedo recordar, por tanto, tampoco precisar que sea exactamente así sino más bien que esté viciado de mi propia deformidad (perdón, Mayer)- que el Arte, dejando de lado los bretes para definirlo, consigue ponernos en alerta, en un estado de interpretación permanente, y tal vez ahí radique su principal objetivo. Una interpretación permanente que nos tiene en movimiento -en vela, en vilo- y que acaba siendo la mejor manera de no llegar a ninguna parte. En esa infructuosa búsqueda de respuestas, irracional como un capricho, acaba mezclándose el placer con la amenaza de decepción. Es un doble juego perverso, en donde la cosa nunca termina de develarse y eso lo vuelve atractivo. Pero nugatorio.
Si es ineluctable -una obsesión- la búsqueda del significado del Arte, aún más lo es, el descubrir la vida de quienes lo gestan: Genios destrozados. Vida de artistas. Daniel Guebel se propone, en éste, su último libro (Eterna Cadencia Editora, 2013), inmiscuirse en el subsuelo de sus almas. ¿Es condición sine quanón estar destrozado para ser genio? ¿O acaso todo genio, a la larga, acaba destrozado?

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Son treinta y tres los relatos que refugia este libro. Treinta y tres que están bien. Muy bien. Con gran maestría, Guebel entremezcla lo genuino con lo apócrifo desconcertando al lector, consiguiendo que, a vista del exquisito resultado, el mecanismo acabe siendo irrelevante, porque en cada falso se esconde siempre algo de auténtico. En la simulación de la obra ajena, el falsificador no resiste a la tentación de hacer la suya. A menudo, es sólo un detalle sin interés, un trazo inesperado. Así termina traicionándose a sí mismo: revelando su propia sensibilidad. A modo de ejemplo, Guebel escribe en el relato que da inicio al libro:


“La crítica tradicional señala que es el propio Rembrandt quien se presenta como cadáver para diseccionar en La lección de anatomía de Nicolaes Tulp y que la obra es una velada autobiografía. Su asunto más verdadero sería entonces el desgarro, el modo en que los dientes de la vida trabajan la carne humana para encontrar el órgano más sufriente.”

En otro relato, Varela es un pintor al que Guebel sitúa en un atelier en el Delta. Al artista no le preocupa con cuál alumna debe acostarse y con cuál, no (es un dilema que cree tener controlado), sino más bien le quitan el sueño cuestiones de otro tipo:


“Claro que como el río no es mensurable, se trataba de fijar en el lienzo una superficie idéntica a la que surca un determinado espacio durante… ¿cuántos segundos? Pero hasta ese extremo de realismo acuático se mostraba falso. Entre la inmovilidad de la pintura y la agitación del agua no hay acuerdo posible. Tal vez el agua no debía ser pintada sino representada… Pero ¿qué significaría una tela pintada de marrón?”

Hay también una pianista uruguaya unida a su hombre a través de gargantuescos banquetes. Y hay un pintor cordobés, de la década del veinte, afiliado al PC, que viaja a la URSS, para acabar en un Hospital participando de orgías en nombre del Régimen. Y están Zizek y Rhotko. Y está presente, en otro relato, Gary Peacock, que ya no se desempeña como magistral contrabajista de jazz, sino como Director de cine. Y hay un gato. Y una mujer enana y barbuda, atracción de circo. Y Lucio Fontana, Picasso y Braque. Así, hasta llegar a treinta y tres textos, entre los cuales Guebel se da el gusto de ensayar.

Barragán es el amigo “fuente”, el que nutre a Guebel de anécdotas de artistas para que él las delinee con su trazo genial, para devolvernos grandes farsas, desopilantes, delirantes. Entretenidas. La conciencia, la intuición o el olvido de esa farsa es lo que, en definitiva, atrapa al lector, una y otra vez, de principio a fin.
Como otro tipo de genio: el genio de la lámpara, Guebel incita a leer, Genios destrozados, una y mil veces, en mil y una noches.

APG

26/11/2013

Queda archivado bajo el nombre de Genios destrozados, de Daniel Guebel, en el cajón de Las No Reseñas

Orden del Día / 174

•octubre 6, 2013 • Dejar un comentario

G E O M E T R Í A S

geometrías3

APG©

06-10-2013

Orden del Día / 173

•mayo 8, 2013 • Dejar un comentario

el-hombre-que-calculaba

Prestad atención a la imagen: uno de ellos, el pensante que está en primer plano, es Beremiz Samir, el hombre que calculaba. Resuelve problemas irresolubles a primera vista, con la simple aplicación del mecanismo lógico-deductivo. Su gracia: unir lo útil con lo deleitable (máxima aspiración de cualquier pedagogo), a través de desafíos que se le presentan en forma de sorprendentes historias, a cada paso de su travesía por el desierto camino a Constantinopla o Bagdad. Malba Tahan es su acompañante de ruta, el que aprende en el periplo y el que nos lo relata en este maravilloso libro, fechado en Bagdad, a 19 lunas de Ramadan, en 1321. (Convertido al calendario gregoriano -personalmente me tomé el trabajo de aplicar la fórmula de conversión- se traduce en 19 de Septiembre de 1902)

En algún lugar leí que el hecho de tomar contacto con este libro, despertó en Jorge Luis Borges su gusto por los cuentos árabes y, en especial, por Las mil y una noches, además de provocarle gran admiración hacia Malba Tahan. Sin embargo, recién después de medio siglo de ocultamiento, se supo que Tahan no era más que el alter ego de Julio César Mello Souza, un matemático brasilero, profesor de escuela durante toda su vida en la ciudad de Río de Janeiro. Mello Sousa amaba las matemáticas, la docencia y la escritura. Un día, cansado -pero no rendido- de enviar textos a editoriales sin obtener respuesta alguna, se presentó en el principal diario de Brasil con una gruesa resma de cuentos pertenecientes a Slade -dijo-, un escritor norteamericano, argumentando que había sido él mismo quien los había traducido al portugués. La treta resultó y comenzaron a publicar semanalmente sus cuentos por años. Constatando el éxito de su primer alter ego no buscado, creó un segundo: Malba Tahan, para viajar, junto al matemático Beremiz Samir, al fantástico universo árabe y contarlo al mundo en el libro El Hombre que Calculaba en cuya primera edición figura la siguiente dedicatoria:
A la memoria de los siete grandes geómetras cristianos o agnósticos:
Descartes, Pascal, Newton , Leibnitz, Euler, Lagrange, Comte.
¡Alah se compadezca de esos infieles!
Y a la memoria del inolvidable matemático, astrónomo y filósofo musulmán Abuchafar Moahmed Abenmusa AL-KARISMI
¡Alah lo tenga en su gloria!
Y también a todos los que estudian, enseñan o admiran la prodigiosa ciencia de las medidas, de las funciones, de los movimientos y de las fuerzas naturales.
Yo “el-hadj” cherif Alí Iezid Izzy-Edin Ibn Salin Hank, MALBA TAHAN (creyente de Alah y de su santo profeta Mahoma), dedico estas páginas, sin valor, de leyenda y fantasía.

En Bagdad, 19 de la Luna de Ramadán de 1321

De ese libro se imprimieron millones de ejemplares, decenas de ediciones y traducciones en todo el mundo, en un libre albedrío, con la falsa convicción de que su autor había vivido en el S XIV, sin que Mello Souza, que continuaba con su actividad docente, reclamáse derechos de autor.
De ese libro se guardó el secreto por medio siglo, hasta poco antes de la muerte de su autor, en el año 1974, cuando se supo -y Borges no lo supo- que Malba Tahan y Mello Souza eran una misma persona.
De ese libro tengo un ejemplar frente a mí, que me fue entregado un fin de año luego de que mis padres recibieran una comunicación que les informaba que yo debía asistir al Colegio el día de Entrega de Diplomas de mi hermana mayor -hecho que yo hubiera cumplido de todos modos porque era un acontecimiento familiar- con el atuendo correspondiente de alumna, por más que el ciclo lectivo ya hubiese finalizado formalmente.
De ese libro leo ahora la dedicatoria:

Para APG, por su participación destacada en la Olimpíada de Matemática.
 

Primer Premio
Tercer Nivel
Noviembre 1979

 

APG©

 
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