Intermezzo I

 

Recibo un inesperado y no menos sorpresivo mail de uno de los escritores que tanto admiramos. Dice que estuvo leyendo mi último material y que siempre es un placer leerme. Me pregunta qué pienso hacer con eso. Si no se me ocurrió una columna. A mi las únicas columnas que se me ocurren son las arquitectónicas, en particular las bellas clásicas greco-romanas. Antes de cerrar el mail, de manera muy respetuosa, me pide un teléfono para llamarme. Mi respuesta es corta y concisa aunque no inmediata: “477?-????”.

 

Inicio de conversación telefónica con saludo habitual, que pum, que pam y luego…

– Bien piba, estás escribiendo bien. Da gusto leerte.

– Te voy a pedir un favor; ojo con lo que me decís, puedo llegar a creerte y eso sería muy perjudicial para mí.

– Te hablo en serio. Lo estás haciendo bien. ¿Por qué te mentiría?

– … Mmm, no sé. Tal vez para encubrir  algo. ¿Estás intentando seducirme?

– (Carcajada) También. Pero lo de la escritura es cierto. No sé porque te cuesta oírlo.

– Me cuesta oírlo de alguien como vos. El halago tuyo me paraliza, no me ayuda. Prefiero una crítica dura, que siempre obliga a progresar.

– Vas a tener que aprender a manejarlo. ¿Qué pensás hacer con eso?

– ¿Con qué?

– Con tu escritura, con las coberturas. Te puedo referenciar en alguno de los medios para los que escribo. Te puede abrir puertas.

– La sencilla puerta que permito que me abran es la del auto o al entrar y salir de algún lugar.

– (Carcajada) Muy bien.

  Además, sería una estafa. No soy periodista, no soy escritora; ni estudié, ni me formé para ello. Estaría estafando.

– Si mal no recuerdo, fuiste alumna mía. Tengo presente como si fuese hoy lo que respondiste el primer día cuando pregunté a la clase “por qué escribían y qué estaban leyendo en ese momento”

– ¿En serio te acordás? Yo, no. ¿Qué dije?

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– Respondiste que no sabías porqué escribías, ni para qué; pero que no lo podías evitar. Que estabas leyendo algo de Stefan Zweig, un librito muy ajado que sacaste de una cartera roja. Leías a la vez una biografía de Alma Mahler y algo que no recuerdo de Angélica Gorodischer.

– ¡Es verdad! Flores de alabastro, alfombras de Bokhara. Adoré ese libro. ¿Te acordás la respuesta de cada alumno de los miles que tenés?

– (Carcajada). No, sólo de unos pocos. Pero también me acuerdo lo que respondiste la última clase, cuando les pregunté qué habían aprendido, si es que sentían que habían aprendido algo. Vos dijiste que habías aprendido a leer.

– Mirá vos. No mentí. Y disfruté tus clases.

– Gracias. Volviendo a mi intento de seducción… ahora que ya es explícito, ¿cenamos la otra semana?

– Yo por suerte puedo cenar todos los días, pero claro… vos vivís de la Literatura y eso debe obligar a comer semana de por medio.

– (Carcajada). No, en serio. Viajo esta noche y vuelvo en diez días. ¿Tengo chance? Una cena…

– ¿Y qué hacemos con tu mujer y tus chicos? ¿También cenarían con nosotros?

– Ya no hay mujer; sí hay chicos.

– Ufff, perdón.

– No te aflijas, fue una decisión acertada. Entonces… ¿Es un sí? ¿Cenamos?

– No sé… Creo que prefiero seguir leyéndote.

– Podés hacer ambas.

– No sé… Las cosas grandes me asustan.

– Ahhh, eso es un gran alivio. Entonces no te voy a asustar.

– (Carcajada). ¡Qué estúpido! Me refiero a vos como entidad.

– Sí, sí. Es un gran problema. Hagamos lo siguiente: yo te busco cuando regreso. ¿Qué te parece?

– Me parece bien. Que tengas buen viaje.

– Gracias… y vos no dejes de escribir, que te voy a estar leyendo.

– Gracias, beso… … … … Esperá. No cortes. Ya que te tengo en línea aprovecho para hacerte una pregunta… ¿Está mal sentir una angustia que devasta y arrasa al terminar de escribir? Yo sufro a pesar de la solvencia aparente de mi escritura ¿Está mal lo que digo? ¿A vos te pasa? …Digo, ¿La lucidez es inversamente proporcional a la felicidad? Es el coeficiente maldito fuera de parámetro… Ese que te separa del mundo banal y mercantilista. Cuánta desolación. ¿Eso le pasó a Foster Wallace? ¿Y a John Kennedy Toole? ¿Al mismísimo Zweig? ¿Y a Fischer? Me fui a la mierda, ja, ja ¿La inteligencia extrema va siempre pegada a una infelicidad que te hunde?… Hey… Hola, hola… ¿Estás? ¡Uyyy, se había cortado! ¡Menos mal!

Qué curiosa improcedencia desgarrarse a sesión abierta ante un extraño.

 

APG©

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