A merced (Prólogo)

Tapa eterna 2

PRÓLOGO

La carrera de relevos tiene su antecedente en la Grecia Antigua. En esos tiempos se trataba de un rito funerario: una antorcha debía pasarse de mano en mano manteniéndola encendida en el transcurso. Este ritual se reprodujo luego en las Olimpíadas -la famosa Llama Olímpica- y casi al mismo tiempo, en la creación de una nueva disciplina deportiva conocida como carrera de relevos o postas. En esta competencia en equipo, cada corredor debe recorrer una distancia determinada con una barra cilíndrica de metal en su mano derecha, llamada testimonio o testigo (evocando a la antigua antorcha) y, al terminar el recorrido, pasársela al siguiente corredor para que éste repita la acción, y así sucesivamente con el resto de los integrantes del equipo. Largada y Llegada son el mismo punto en la pista ovalada de atletismo; es in eternum, siempre se vuelve a empezar.

A merced pretende ser un libro que retome esta idea y para ello debe cumplir determinadas reglas -oulipianas- como toda disciplina deportiva. Cada relato debe recorrer mil palabras y estar atravesado por un billete de cien, de Eva Perón, que pasa sucesivamente de mano en mano, de relato en relato, narrando -siendo testigo, testimoniando- en primera persona, lo que sucede en cada tramo, en cada historia.

Si bien un libro impone un orden de lectura, este texto puede comenzar a leerse por cualquier relato, porque son continuos y, como en el sinfín de una pista de atletismo, siempre se vuelve a empezar, constituyéndose en antecesor y sucesor al mismo tiempo: precuela y secuela, a la vez.

El nombre A merced refiere a que el narrador (el billete de cien) no tiene potestad sobre sus acciones, tan sólo tiene un valor nominal pero distinto valor simbólico o práctico para cada protagonista que lo utiliza, a su merced. Es moneda de cambio. Es usado a necesidad. Va de mano en mano sin importar quién lo tome. Nadie presta atención en él: nadie se detiene; sin embargo es imprescindible en cualquier hombre, mujer, niño, anciano, gordo, flaco, bello, rico, pobre, instruido, ignorante, honesto o ladrón, de cualquiera o ninguna religión. Es billete que habita entre bolsillos, billeteras, colchones, cajeros automáticos. Es omnisciente demiúrgico silencioso, austero y observador. Y nos cuenta estas historias en veinte textos cortos, pero contundentes; de lectura rápida pero no ligeros; plagados de sordidez o humor o dramatismo, o ironía, que transitan todos los géneros… en fin, que se dejan leer a merced.

Una Sherezade moderna que no corre el riesgo de morir si se detiene pero sí de quedar fuera de circulación.

 

APG

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