Papel de diario, en Escala 1:1

 canillita1

Que el Dr. Insúa va de putas los jueves y a misa el domingo; que el de la casita de reja verde es burrero; que Doña Clarita cree que se va a enamorar porque lo dice su Horóscopo…, todo eso, y mucho más, lo sé yo, como que me llamo Rafa y soy el canillita y envolvedor de huevos del bajo Flores.

Empecé hace mucho. Primero repartía sólo el diario. Me levantaba cuando la mañana era noche. Bajaba los diarios del camión repartidor y tenía que hacer dos viajes en esa época, cuando aún Don Ramón no me había regalado la bicicleta. Era un trabajo honrado de medio turno. Un poco porque estaba en deuda -por lo de la bici- y otro tanto porque me aburría por las tardes, comencé a hacer changas para la carnicería de Don Ramón y de paso unos mangos extras juntándole diarios viejos. Cada casa donde dejaba el diario por la mañana, me devolvía el del día anterior ya leído, doblado raro, separado por secciones, escrito y a veces recortado. Salvo cuando la hoja no estaba entera, a mí siempre me servía. De observarlo a él,  había aprendido a envolver huevos: primero abría una hoja y la colocaba con el lado más corto frente a mí. Luego tomaba dos huevos con la mano derecha y uno con la izquierda y los ubicaba en fila -horizontal y extremo con extremo. Luego, una vuelta entera sobre sí mismos junto al papel, y la segunda fila de huevos. El cierre final como un paquete de regalo -pero sin moño- y ¡lista la media docena! Cuando el cliente llevaba una docena, se colocaba paquete sobre paquete en otra hoja de papel de diario y se hacía un nuevo bulto más alto que el anterior. A los huevos de color, les hacía una X con marcador negro en el lomo del paquete. Casi era obligado: a cada persona que entraba a comprar carne, yo le enchufaba media o una docena de huevos. Además sabía la vida de cada vecino del barrio que entraba a comprar. Lo del Doctor, el marido de la Sra. Emilia, lo supe cuando me puse a

investigar que todos los jueves su diario volvía recortado en un sector. Un día me mató la curiosidad y comparando dos páginas iguales del mismo día, leí que el pedazo faltante decía: Aldana 1º nivel distinguida y sensual $120. 4824-6236. Desde ese día supe que no era cierto que los jueves el Doctor estaba de guardia. Además sabía que la Sra. Emilia era buena con los crucigramas, que Juan se estaba por comprar un auto usado y que los Roldán pensaban mudarse a Barrio Norte. Lo supe a partir del día que comencé a observar, resaltados en rojo, avisos de este tipo: “Vendo depto en Barrio Norte Agüero 1948 PB “C” luz sol livingcomedor patio terraza de 10×15 impecable a nvo u$s 95.900. Ver de 15 a 18. Montsery 4803-6003”. Un día vi el camión de mudanzas frente a su casa y ya nunca más su diario marcado. Al nuevo vecino, de quien nunca supe el nombre, no le llevaba La Opinión, como a los Roldán. Él leía La Razón y además era burrero; su diario volvía con la sección de carreras garabateada.

Lo del accidente de Alejandro también me enteré un día envolviendo huevos, cuando encontré una seguidilla de avisos fúnebres encabezados así: “Bidegain, Alejandro. Q.E.P.D.”

A mí pueden preguntarme cualquier cosa del Barrio. Lo sé todo y mucho más, como que me llamo Rafa y soy el canillita y envolvedor de huevos del bajo Flores.

 

 

APG©

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