Rebelión en la granja

Dice la historia -o cuenta la leyenda- que hasta hace casi dos siglos atrás, más exactamente hasta comienzos del S. XXI, en la tierra habría habido una especie rara conocida como “humanidad”, también se ha dado en llamarla “civilización”. Se dice que se habría extinguido a causa de su barbarie, su maltrato a la naturaleza, su avaricia, su ímpetu de poder y gloria, todos rasgos que hicieron que dicha jauría humana desapareciera repentinamente en el corto lapso de cien días. Hay otra versión que dice que fue una decisión de exterminio a conciencia tomada por el C.S.A. (Concejo Superior Animal) en una votación unánime.
El envenenamiento seguido de muerte de los veintiún caballos del equipo venezolano de polo fue el grosero episodio -o más bien la gota- que rebalsó el vaso de los atropellos, por lo que la convocatoria a asamblea, que fue caratulada en carácter de urgente y que tenía como objetivo tomar una represalia definitiva, no le llamó la atención a Brigitte Bardot quien ya había asistido en veces anteriores, como en el caso que se expidió a favor de la implementación de la gripe aviar, o la vez que puso su voto -no veto- en apoyo del mal de la vaca loca; pero sí fue sorpresivo para el flamante Presidente de Greenpeace y para el representante del Tribunal de La Haya, para quienes era su vez primera. Los tres asistían en representación del género humano, pero emitían un solo voto, es decir, entre ellos se ponían de acuerdo por mayoría o unanimidad -a nadie importaba- y se expedían en una única voz. El resto -el reino animal- tenía mayoría de representación ya que cada grupo tenía un voto: uno por los caballos, otro por las vacas, otro por los cerdos, y por las gallinas, leones, aves, perros, acuáticos… y así. A pesar de que eran mayoría, en esta ocasión y por tratarse de una ley fulminante, la decisión de la Asamblea debía ser unánime. Presidía -como siempre- el viejo Major, un cerdo sabio capaz de inmolarse en defensa de su especie. En comisiones se estudiaba la propuesta -a todo o nada- que consistía en irradiar la influenza porcina, en primer término, que produciría una pandemia masiva a la población mundial que no pudiese acceder a la droga que manipulaba el mayor laboratorio mundial y luego la segunda y fatal etapa que radicaba en dispersar la rabia canina en todas las mascotas, empezando por el caniche chow apricot de la esposa del presidente de dicho laboratorio. Se proponía que la mordedura fuese mortal y que la transferencia entre canes sea vertiginosa y fulminante para toda la raza humana; también se preveía un máximo de cien días para alcanzar dicho objetivo. Mientras unas comisiones analizaban en minuciosidad el proceso del plan, otras se cuestionaban su eficacia. Las que ya habían corroborado -era el caso de las hienas- que el plan sería eficaz y significaría el exterminio de toda la humanidad, reían y ansiaban su aplicación. Contra todos los pronósticos que avizoraban que el voto humano sería difícil de conseguir, los tres brazos se extendieron asintiendo al tiempo que, en un proceso inverso a lo que habría sido la teoría de la evolución de Darwin, se cubrían de pelaje, encorvaban su postura, cambiaban las facciones de su cara, hasta quedar mimetizados con el resto de integrantes del Concejo.

APG©

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