The Palermo Manifesto, de Esteban Schmidt

I. Principio

 

Nosotros de Palermo sabíamos -hasta hoy- que el tournedos de lomo laqueado en barniz de aceto, malbec y miel -sellado en plancha y final de cocción en horno de barro- sale con papas rústicas novo andinas al tomillo. También sabemos que no le compite a la carne al horno con papas de la infancia. Que en la cortada Roberto Arlt, en Gurruchaga y Nicaragua, vivió el escritor mientras trabajaba en el diario Crítica. Que, cuando Jorge Luis Borges era Serrano, una construcción Art Nouveau ya demolida solió albergarlo en un lapso de su niñez. Y que, mucho antes que Cortázar fuese plaza, ensayó ser -porque fue frustrado el intento- centro desde donde se gestó la urbanización del barrio obrero, del que sólo quedan los pasajes que allí convergen como vestigios del fallido.

Esteban Schmidt se manifiesta en una historia bien distinta a la que conocíamos hasta hoy; momento en que terminamos de leer The Palermo Manifesto.

II. Desarrollo

 

Supongamos que sí. Supongamos que estamos ante un manifiesto (Engels, Marinetti, Marx y Bretón se aúnan en un joh, joh) En un principio dudé de la premisa -si se parte de una falacia, mal se puede inferir una certeza- Seamos voluntariosos. Acaso estamos ante algo mejor que, aunque carezca de planteamiento teórico y no se estructure del modo clásico que supimos leer, no deja de ser una proclama, acaso reclama.   

El intelectual frente a la política, el compromiso cívico; convengamos que ambas son una cuestión de índole vocacional (el verdadero problema reside cuando es de índole “rovacional”). Se puede ser intelectual escindiéndose de la esfera de poder o mimetizándose en ella. Para Schmidt, que supo comulgar con el Radicalismo, que se comprometió con la causa, la posibilidad de participación ha terminado. Nos lo grita a viva voz a través de esta proclama política que repasa -en un city tour por Palermo- los últimos 25 años.

Su manifesto está escrito desde la marginación. No…, no. No nos referimos al marginado de las vías del cruce de Honduras, el homeless -porque aquí, en Palermo, no son descamisados, tampoco “los sin tierra” y mucho menos gente que vive en la calle-No, no. Hablamos de la otra marginación. La de un Chacho, un Cobos, un Schmidt. La otra marginación, la del pensante, la del cerebro reflexivo. El que se involucró. El que lo intentó desde la militancia y no pudo. El frustrado, el que quedó alienado.

 

“Fue muy cansador y solitario intentar durante veinte años la diferencia moral. Terminamos siendo tan invisibles como el que más haya hecho para evadir las responsabilidades. Hicimos pequeñísimas diferencias, ridículas en la escala de la inversión de tiempo y esfuerzo. El mundo nunca percibió nuestras buenas intenciones. Aquí estamos, entonces. Apretados ante todo lo que no se puede hacer y todo lo que no se puede aguantar, sólo nos quedan los deportes y el arte”

III. Subdesarrollo

 

“Pensamos mucho antes de subirnos a este escenario con estos apuntes, sobre el sentido profundo de brindar un discurso cáustico y doloroso que no da esperanzas, tan amparados, tan cómodos en la legitimidad pública del prestigio que otorga hacerse el vivo. Pensamos mucho, pero resolvimos no reprimirnos, compañeros, porque da cáncer y dolor de cabeza. Y porque quedarse clavado en el dilema de hacer o no, te convierte en un hombre sin función, sin misión, en un hombre castrado y quieto, útil finalmente a los miserables que nos exigen que seamos más cuidadosos con lo que decimos”

 

Acaso la catarsis mitigue la frustración, la desolación. Acaso la publicación de su primer libro consiga sacarlo del nihilismo absoluto. The Palermo Manifesto es la continuación de la política  -“no” partidaria- por otros medios. Y eso es bueno.

Schmidt no lleva velo, es carnal. Desangra y sangra de un modo contestatario confesional. Destacamos la destreza y certeza con la que Schmidt describe puntillosamente (en detalles e ironía), los estereotipos. Bien podrían ser un corte difusión de lo que se van a encontrar en The Palermo Manifesto.

Su acidez -en cacofonía- su lucidez se contrapone a su ingenuidad. Enarbola la liga de los justos. Schmidt, nadie dijo que el mundo es justo. Nosotros apoyamos a nuestro nuevo presidente de color -negro- ; pero también lo habíamos hecho con Malcolm X y the  Kennedy´s brothers y Martin Luther. Sólo deseamos que esta vez, el negro, no sea blanco -de nadie-

A nosotros nos gustó la manera de plantear la promesa de que la política pudiese resolver lo que no resuelven los hombres; y nos gustó también que esa promesa se frustrara (y que se frustrara no en su realización, sino en su propia irrealidad). Ya ves Schmidt, hay personas aún más nihilistas.

IV. Desenlace

 

Nosotros, nos decidimos por el deporte y el arte “a priori”; no hemos necesitado militar para darnos cuenta porque -para sincerarnos- nunca militamos. Schmidt sí. Comenzó su militancia con la recuperación de la democracia. Mientras tanto…, en ciudad gótica universitaria, la batichica  -a mitad de su primer carrera universitaria, con algún año más que Schmidt (imagino algún malicioso sacando la cuenta; descártenlo, no es elegante)- aspiraba a solucionar los problemas de vivienda de la humanidad construyendo, en paspartout de colores, complejos habitacionales para personas de bajos recursos. No, no tomó como modelo los monoblocks de Evita, ni tampoco los módulos habitacionales en serie de Le Corbousier. Con sus mejores intenciones, ella deseaba que todos pudieran tener igual bienestar que el que gozaba. Fue cuando sufrió el primer bochazo a la voz de: “No estúpida, para que ponés un vestidor si los pobres casi no tienen ropa”.

Nosotros, que nos creímos “pogres” porque nuestros padres nos enviaron al Jean Piaget donde compartíamos recreos con los hijos de Tomás Abraham y de otros hijos de una parva de psicoanalistas e intelectuales. Nosotros, que nos adueñamos de la 1era del plural discursando en nombre de nadie, por pura imbecilidad para no sentir desolación. Nosotros, que nos sentimos oligarcas cuando decidimos no usar más bolsillos para que nadie pudiera volver a meternos la mano. Nosotros, que nos creímos desocupados en épocas magras. Nosotros, que nos creímos eso y mucho más, agradecemos al autor su catarsis porque fue disparadora de la nuestra. Y eso bien vale la lectura. Porque no creemos en la buena y mala literatura; creemos en los libros que conmueven y los que no; y nosotros estamos conmovidos.

 Nos solidarizamos entonces, ofreciéndole -no un abrazo, porque esas son cosas de hombre y nosotros somos “dama”- un beso y esperamos ansiosos la aparición de su segundo libro apocalíptico sobre el fin del periodismo.

APG©

04·11·08

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Una reseña en serio, por Gustavo Noriega

 

Otra buena reseña, por Diego Vecino

Daniel D. Lerman, para Radar Libros

 

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7 comentarios to “The Palermo Manifesto, de Esteban Schmidt”

  1. Ya ves Schmidt…
    antes de IV

    lo otro está bien, advierte sobre las razones para no leerlo. En eso es generoso, económico.
    Ahora, ser radical arrepentido es peor que ser colaborador de la DEA.

  2. Esteban querido. A mi me gustó tu libro. Y de “arrepentido”… tenés que arrepentirte de haber sido radical? Por favor

  3. Creo que lo más honesto es que se arrepienta de haber escrito.

  4. desde “un tiro en la noche”que no me reia tanto.aca en haedo siempre fuimos purè…nunca contorno de papas.jose

  5. Si no vuelve “Un tiro en la noche”,me corto las venas a la mañana…(un genio Esteban)

  6. Me gustó mucho el libro. Parece que el tiempo pese a todo no se llevó puesto, como sí con otros, a Esteban. De corazón, me alegro.

  7. […] fuente […]

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