Orden del Día / 192

•diciembre 24, 2015 • Dejar un comentario

UNA VEZ MÁS

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Veámonos una vez más antes de que te vayas.

Pásame a buscar en uno de tus autos.

Carga el baúl con el mejor de tus vinos.

Y llévame a alguna de todas tus casas.

Dispénsame la más vulgar de tus caricias.

Que me invada el más sutil de tus besos.

Y no me sueltes.

Salvo que te lo implorara

APG 

Orden del Día / 191

•diciembre 20, 2015 • 1 Comentario

LA EDAD DE LOS POR QUÉ

Publicado originariamente en El Cronista

La psicología evolutiva sitúa a la edad de los por qué, dentro de la etapa de la primera infancia que va de los tres a los seis años. Es un período de descubrimiento en el que el niño indaga desenfrenadamente sobre todo lo que lo rodea para construir un universo de verdades semánticas y lógicas que lo contengan. En mi caso, que soy defectuosa por naturaleza y no cuajo con los estándares, ese período no sólo se perpetuó hasta la adultez sino que, además, al día de hoy, mi existencia se sostiene tambaleante entre muchos interrogantes y casi ninguna respuesta. A veces, apelo a la filosofía para amenguar la desazón de la incertidumbre pero siempre, irremediablemente, obtengo el mismo resultado: más y más preguntas. Aristóteles, por ejemplo, define el concepto de verdad como veritas est adecuatio rei et intelectus (la verdad es la correspondencia entre la cosa y la mente que la percibe). Este axioma, a mi entender, acaba por destruir la cosa en tanto y en cuanto la percepción de ella tiene tantas interpretaciones como intelectos perceptores. Probemos con la lógica matemática que suele ser más exacta. Alfred Tarski (Alfred Teitelbaum. Lógico, físico y matemático. Varsovia, 1902 – Berkeley, 1983), le da al concepto de verdad una interpretación semántica. Toma como ejemplo la oración La nieve es blanca, y se pregunta en qué condiciones esta frase es verdadera o falsa. Si nos basamos en la concepción clásica de la verdad, diremos que la oración “la nieve es blanca” es verdadera sí y sólo sí la nieve es blanca, y es falsa si no lo es.


La foja doscientos trece (213) del expediente que transcribe el testimonio de Antonio Horacio Stiuso (Jaime Stiuso) en la causa por la muerte del Fiscal Alberto Nisman, comienza con esta frase:


/// la ciudad de Buenos Aires, a los 17 días del mes de enero del año dos mil quince, comparece ante la Sra. Fiscal y Secretario autorizante, una persona previamente citada a la que se le hace saber que se le va a recibir declaración testimonial. Requerido por la señora Fiscal a prestar juramento o promesa de decir la verdad de todo cuanto supiere y le fuera preguntado, y previo instruírselo de las penas con que la ley castiga el falso testimonio, manifestó que jura decir la verdad.

Declaración de Stiuso

De Tarski aprendimos que la oración “a los 17 días del mes de enero del año dos mil quince” es verdadera sí y sólo sí , el día en que fue formulada como presente, es efectivamente el 17 de de enero de 2015, y falsa si no lo es. Mal podría brindar testimonio un sujeto, en la causa por la muerte de otro sujeto, cuando éste último aún no ha muerto. Se infiere entonces que la oración “a los 17 días del mes de enero del año dos mil quince” es falsa.
La oración “manifestó decir la verdad” es verdadera sí y sólo sí quien la emite manifiesta la verdad, y es falsa si no lo hace. Mal podría manifestar la verdad un sujeto que comienza su alegato convalidando una falsedad. Se infiere entonces que la oración “manifestó decir la verdad” es falsa de toda falsedad.
¿O alguien osa imaginar que al capo recontra capo de todos los capos de inteligencia se le pasó por alto un “error” de primero inferior?
Me reconozco como una analfabeta del Derecho. Aún así, entiendo que a los letrados que avalaron este testimonio con su firma (Dra. Viviana Fein y su Secretario), ya sea por impericia o intención manifiesta, les cabe, como mínimo, una investigación por ésa y todas las irregularidades que arrastra esta causa desde el mismísimo punto cero. Como por ejemplo, que la mencionada declaración de Jaime Stiuso conforme, en volumen, la tercera parte de la testimonial de la joven Florencia Cocucci, siendo que la indagatoria a quien trabajó por décadas junto al Fiscal de la UFI AMIA debería ser más contundente y extensa que la de una relación frívola y ocasional. Presumo.
De Tarski aprendimos que las oraciones “Alberto me pidió un arma” o “El Fiscal Nisman me pidió un arma” que pronunciaron en su declaración Diego Lagomarsino y el custodio Rubén Benítez, respectivamente, son verdaderas sí y sólo sí el Fiscal Alberto Nisman les pidió un arma, y falsas si no lo hizo. Aquí el dilema. La única persona que podría constatar esto, está muerta. No existe grabación alguna o prueba fehaciente de que este pedido haya existido. Con el agravante de que ambos declarantes están imputados en la causa, y uno es el dueño del arma que causó la muerte del Fiscal y el otro, el custodio que debía velar por su seguridad. La pregunta que cabe es: si no hay nada que acredite la veracidad de sendas declaraciones, ¿por qué en el inconsciente colectivo se instalaron como verdad de sentencia? Y voy más allá. ¿Por qué la primera reacción estratégica de Diego Lagomarsino consistió en salir a demostrar a toda costa (con tickets de peaje, etc.), que en un rango horario, posterior a la entrega del arma, él no estaba en lo que sería el escenario del crimen? Si nadie lo imputaba ¿Será, tal vez, porque sabía que allí se perpetraría un asesinato, ni más ni menos, que con su propia arma? ¿Será, tal vez, que actuó bajo presión siendo el facilitador y cómplice de dicho crimen? Y en ese caso, ¿bajo presión de quién o quiénes? ¿Cómo es posible que aún esté libre?
¿Por qué estos interrogantes que me planteo como ciudadana común, a once meses de la muerte del Fiscal Alberto Nisman, la Justicia no se los planteó?
¿Por qué, aún hoy, la causa tramita en la Justicia ordinaria cuando es imposible escindir el hecho de la obviedad de que la víctima se desempeñaba como Fiscal Federal en la UFI AMIA y que días antes había denunciado a la ex Presidente por encubrimiento? ¿Alguien tiene dudas de que es una cuestión de Estado y que impera el traslado a la Justicia Federal? ¿El reciente pase de mando en la investigación entre la Fiscal Fein y la Jueza Palmaghini no tendrá como único objetivo sentar un “falso” precedente para quedar exceptuada, ésta última, de una futura imputación por irregularidades en la investigación?
¿Por qué las pericias informáticas arrojaron como resultado que, el domingo 18 de enero alrededor de las once de la mañana, hay cruce de llamadas entre los celulares de Jaime Stiuso y Luis Miño (a cargo de la custodia de Nisman), el Fiscal Carlos Stornelli con el celular de Fernando Pocino, y el de César Milani con el de Jaime Stiuso. Todo esto, doce horas antes de que surgiera la primera alerta a partir de un tuit del periodista del Buenos Aires Herald, Damián Pachter. Doce horas es mucho tiempo pero no el suficiente para preparar una buena mise en place. Parece.

¿Por qué aún no se investiga a la fuentes que revelaron (Télam y Aerolíneas Argentinas) información confidencial sobre el ticket de vuelo del periodista Damian Pachter, perseguido y forzado a emigrar del país.

¿Por qué el Secretario de Seguridad Sergio Berni le dio las condolencias a la madre del Fiscal, al llegar al departamento en Puerto Madero, cuando aún nadie había constatado fehacientemente que estaba muerto?
¿Por qué el software espía que se encontró en el Smartphone del Fiscal Nisman es el mismo que se encontró en objetivos opositores al presidente de Ecuador, Rafael Correa, y reportan los datos robados a la misma estructura de mando y control?
¿Por qué Aníbal Fernández, el armador y gestor de la campaña de desprestigio y desvío de la investigación, aún no fue citado a declarar para que explique, entre tantas cosas, cómo obtuvo el audio de una conversación privada entre el Fiscal y su hija, y se valió de la misma para exponerlo mediáticamente en una vil actitud?

No vaya a creer el lector que todos mis interrogantes rondan la misma temática. No. También me aquejan cuestiones más existenciales como, por ejemplo, si alguna vez podré volver a escribir Literatura, u otros asuntos menos relevantes, a saber, ¿Por qué Gabriela Michetti no tiene una silla de ruedas a motor?

Mejor vuelvo a Tarski. Él hace una distinción entre verdades cerradas y abiertas. Un ejemplo del primer caso podría ser “Este libro lo escribió Jorge Luis Borges y se llama El Aleph”. Si fuera el segundo caso, el de la oración abierta, diría “Este libro fue escrito”.

El Fiscal Nisman está muerto. Es una verdad abierta que no resiste el axioma aristotélico veritas est adecuatio rei et intelectus. Es una verdad abierta. Es imperioso cerrarla.
Porque me gusta pensar la duda como deuda.
Porque deuda y culpa, en alemán, tienen la misma etimología: schuld
Porque plantear interrogantes es insurrecto. Entonces me sublevo y pregunto:
¿Por qué nada reconforta?
¿Por qué todo es insuficiente?
¿Por qué?

 

 

APG©

Orden del Día / 190

•noviembre 19, 2015 • 1 Comentario

 

 

Las Culturas se construyen gracias a la diversidad

Los primeros cuatro recortes del texto que sigue, escritos en el año 2009, están vigentes, aunque en el ínterin entre su publicación (seis años atrás) y hoy, 19 de Noviembre de 2015, acontecieron cantidad de hechos relacionados en los que no me detendré ahora. Sólo sentí la necesidad de agregar un quinto recorte. Un recorte que tal vez los Medios desestimaron pues quedó opacado con la presencia de Pilar Rahola, como una suerte de Rock Star (sin desmérito de su ponencia).

Un texto viejo, actualizado, pero que mantiene el título en plena vigencia

-RECORTE-

Cuando suena mi celular -o el de cualquier otra persona- y en el visor aparece una sucesión interminable de “unos” (11111…) es indicio de una llamada proveniente del exterior, y cuando esa llamada repleta de “unos” ocurre en el transcurso de mi fin de semana, no tengan dudas, es amigo Enzo que llama para contarme cómo le fue en la fecha, entonces puedo enterarme de que ganaron el clásico o que en el siguiente partido golearon 4 a 0. Este sábado sonaron los “unos” alrededor de las 15:30 mientras corría por la costanera; del otro lado del aparato eran las 21:30, en Jeddah, capital económica de Arabia Saudita, y el equipo que dirige Enzo, Al Ittihad, recién acababa con su entrenamiento.

― ¿Tan tarde entrenan? ― pregunté curiosa.

― Es que empezamos a las siete, después del rezo ― Me respondió algo habituado y más resignado.

― ¡Qué lo parió! ― Exclamé en un lenguaje algo mimetizado con los códigos futboleros, sin perjuicio de que mi respuesta manifiestase la intriga cultural que me provocan otros hábitos, creencias y culturas.

― El lunes 26 es tu cumpleaños y te llamo para saludarte hoy porque estamos viajando a jugar a Irán y voy a estar incomunicado: a los celulares les bloquean la línea y tampoco hay acceso a internet ― Me dijo algo habituado y más resignado.

¡Qué lo parió!

 

-RECORTE-

Desde hace semanas una conocida se la pasa entrevistando mujeres para que cuiden a su hijo mientras ella trabaja. Por fin da con una que la conforma, que le agrada, que le da confianza, esa confianza que una madre necesita para dejar a un hijo en manos de un desconocido. Sin embargo hay algo que la perturba.

― Necesito tu opinión ― me interpela.

― ¿Qué no te convence?

― Es musulmana.

― ¿Y?

― Practicante.

¿Y?

Que usa hiyab, para cubrir su cabeza.

¿Y?

Que manda a la hija al colegio religioso de la mezquita.

― ¿Y?

 

-RECORTE-

En España, por estos días y “gracias” a la prohibición de dejar asistir a la joven Najwa Malha al instituto con hiyab, se abre un interesante y plural debate en los medios, que abarca desde la absurda comparación del velo con una gorra de beisbol , hasta la actitud de las compañeras de escuela al concurrir a clases con pañuelos en sus cabezas como símbolo de solidaridad.

 

-RECORTE-

Lubna Husein es periodista musulmana. Vive desde mediados del 2009 en París, a donde debió exilarse luego de ser azotada en Sudán, su tierra natal, por usar pantalones, convención que, en una mujer musulmana, es opuesta al régimen de Al Bashir. Perseguida y corriendo riesgo su vida emigró, camuflada bajo un niqab (vestimenta que consiste en una túnica negra que cubre desde la cabeza a los pies, consta sólo de una hendija sobre parte del rostro y es de uso es obligatorio en países musulmanes de régimen ortodoxo), a la capital francesa, en donde milita, como miembro del Instituto Árabe de París, por los derechos igualitarios de las mujeres musulmanas. “Yo no lucho sólo porque las mujeres puedan llevar pantalones en Sudán. Lucho por la libertad de las mujeres de elegir su destino: lo que van a estudiar, si van a trabajar, si se quieren separar de su marido. Hay muchos países en los que las mujeres no pueden votar. No estoy en la consecución directa de la solución, pero estoy contenta de contribuir a ella invitando a la gente a pensar en ello”.  

-RECORTE-

Ayer, 18 de noviembre de 2015, en el homenaje al cumplirse diez meses de la muerte del Fiscal Alberto Nisman, el Padre Claudio Caruso, el Rabino Simón Moguilevsky y Alí Turkes, del Centro Cultural Alba Islámico, se mancomunaron ante el público reunido, en una invocación religiosa de Paz. Las Culturas se construyen gracias a la diversidad.

APG

Orden del Día / 189

•junio 4, 2015 • Dejar un comentario

CORTANDO ETIQUETAS

No podría precisar la fecha, pero con seguridad fue hace bastante tiempo y en una época del año en que las seis de la tarde es noche prematura. El semáforo de Av. Sarmiento aún no había soltado de la gatera al aluvión de autos, ávidos de escapar del trajín diario. Eso hacía que el único sonido que sentía yo, que venía corriendo por el sendero de Av. Figueroa Alcorta, fuera el de mi propio jadeo a ritmo de trote. A la altura de la curva del puente del Velódromo, apareció del fondo de la negrura un hombre bajando del terraplén. Con una mano sostenía su jean abierto a la altura de la cadera y con la otra manoseaba libidinoso su miembro amenazante. Pegué un pique tan veloz hacia Av. Dorrego que hubiera merecido ser cronometrado. Mientras el degenerado corría en un intento vano tras de mí, el semáforo echó a rodar al tránsito, y los conductores, aún a alta velocidad, hicieron sonar su repudio en una ráfaga de bocinas. La bestia cobarde volvió a su guarida. Yo llegué a Dorrego sin mirar atrás. En sentido contrario venía un corredor. Me abalancé sobre él, temblando, y en una voz ahogada por la falta de aire le imploré un Socorro.
– Tranquila -me dijo con voz calma-, no te va a pasar nada, ahora estás conmigo.
En ese momento, sentí como si un Súperman alado hubiese bajado de los cielos para protegerme. Hoy me pregunto por qué es necesario estar con un Súperman alado para que a las mujeres no nos pase nada.
Súperman cambió su rumbo original y me escoltó en un trote hasta la avenida. Al llegar a casa estallé en llanto en el tubo del teléfono. Quien estaba al otro lado recibiendo la catarsis era mi novio de ocasión que, aunque tenía previsto un agasajo por mi cumpleaños, me dijo:
– Cálmate, mi amor. Paso a buscarte en un rato y antes de ir a cenar, vamos juntos a la Comisaría.
Me bañé, pasé por el proceso habitual de conversión de pibita que corre a mujer presentable, y bajé cuando sonó el timbre.
– ¡Estás bellísima! ¿Quién te va a tomar una denuncia así vestida? No es creíble -remató y consiguió convencerme.

Otra vez, más cercana en el tiempo, yo me probaba una prenda que acababa de comprar, ante los ojos de mi hombre de ocasión, esperando de él la respuesta habitual y desinteresada de la mayoría de los hombres: “te queda bien”, pero me vi sorprendida por otro comentario:
– Una de dos -sentenció-, o usás esos pantalones o escribís.

Yo, que lo único que quería en el mundo era escribir y que nada ni nadie se interpusiera en mi camino, guardé el pantalón sin siquiera quitarle la etiqueta, y comencé a usar -por algún tiempo- una boina de vicuña del altiplano para sentirme más escritora.

Esta tarde, 3 de Junio, pasados algunos años de esa vez, busqué aquel pantalón, arranqué de un tirón la etiqueta de la estigmatización, me lo puse -sí, aún me entra-, y marché a la Plaza del #NiUnaMenos, para mezclarme en el tumulto, con la convicción de que es imperioso comenzar a cambiar la cultura desde las etiquetas.

 

APG©

Queda cajoneado en El cajón de Columnas de actualidad, bajo el nombre Cortando Etiquetas

Orden del Día / 188

•marzo 27, 2015 • Dejar un comentario

INSOMNIO

La tristeza es enorme y excede a mi primo. Duele el país, su decadencia patética. Y en el transcurrir de la noche, en la concavidad del silencio, mientras una parte de la humanidad duerme, la vigilia me tiene sentada en la grada de este anfiteatro romano mirando el espectáculo grotesco de este circo. Soy espectadora. De primera fila al medio. Observo el vaivén de transacciones del sálvese quien pueda y al mejor postor. Una orgía. Una vulgar orgía.

Las cartas están echadas. Pero al mazo le falta un naipe: el de la Verdad. Qué curiosa improcedencia: en la vasta Numerología, la Verdad no tiene adjudicado un número. Jugamos un juego de barajas diseñado para la frustración.

APG©

Orden del Día / 187

•octubre 15, 2014 • Dejar un comentario

[…] Salgo por la puerta de servicio lateral, con la pretensión de poder huir sin ser vista. Advierto que la casa está rodeada por un bello jardín de diseño a pesar de verse un tanto desordenado por el temporal que azotó la zona dejando un cendal de ramas y hojas. No es muy grande el vergel, pero lo suficiente como para albergar un variopinto floral, un par de abetos, un avellano añoso, un limonero, algún eucalipto y otros más que no reconozco. Hay también una suerte de estanque pequeño cubierto de nenúfares, a veces de flor rosada, y una estatua clásica griega, en escala natural, de una Venus desarropada que mira ligeramente hacia abajo, como custodiando el espejo de agua o a los peces de color, o expectante como si fuera a aparecer algún tipo de criatura acuática; o el mismísimo Poseidón en persona.

botanico-entrada

Algo me inquieta de este lugar. Ahora. Parece una pavada decir “ahora”, pero el solo hecho de pensar en la dimensión espacial de ese “ahora” me hace tomar conciencia de la debilidad de ese recuerdo. Una imagen difusa de la niñez temprana acude al desconcierto: es una niña: gira sola, flotando dentro de un salvavidas de aro, color amarillo y cabeza de pato. Gira sola. Sólo gira. Antes de cruzar la verja descubro, tumbado sobre el pasto como lacra del temporal, un cartel de madera que dice en letra tallada Green Hedges, que significa “setos verdes” y que me incita, inmediatamente, a definir qué voy a comer, en pocos minutos, cuando me encuentre con Pier para almorzar […]

APG©

Queda archivado bajo el nombre de Wunderkammern, en el Cajón Ficciones Propias.

Orden del Día / 186

•septiembre 27, 2014 • Dejar un comentario

EL SIGNIFICADO DE LAS PALABRAS

Recuerdo la primera vez que busqué el significado de una palabra en un Diccionario. La había pronunciado mi papá refiriéndose a mí, y yo supe, en ese mismo instante, que no se trataba de nada bueno.

Tendría cinco, seis o siete años. Recuerdo que estaba acatando la consigna que, cada noche e irremediablemente, se pronunciaba en mi casa a las ocho en punto: “A lavarse los dientes, a hacer pis y a la cama”. En eso andaba: ya había hecho pis y estaba manipulando el cepillo de dientes cuando, en un movimiento torpe, con esa torpeza propia que una niña suele tener a esa edad, el cepillo acabó dentro del inodoro. Aún no había tirado la cadena y -es sabido- a las nenas nos dan asquito muchas cosas y yo no estaba dispuesta a meter mi mano en el pis en procura de recuperar el cepillo. Hete aquí que pulse el botón para que se limpiara mi campo de acción y claro, observé impávida como el cepillo de dientes desaparecía en el mareo de un remolino hipnótico, psicodélico, centrífugo, de color ámbar. Luego vino esa palabra que dijo mi papá y que yo, a pesar de no haber entendido, jamás olvidé: ni en ese momento ni en el correr de los años.

De adulto uno sabe que el prefijo “in” denota una negación o carencia de algo: inútil, incapaz, inacción, indecente, inmoral, intrascendente, etcéteras. Pero a esa edad -cinco, seis, siete años- ni siquiera tenía noción del orden de las letras en el abecedario, de modo que encontrar la palabra que me había dicho mi papá, que comenzaba de ese modo, que me interpelaba y me urgía descifrar, transcurrió en sucesivos intentos fallidos, en varios días. Tenía sólo una certeza: no estaba ni por el principio ni por el final.

Entonces, luego de subirme a una silla, tomar con dificultad ese Diccionario gordísimo y pesadísimo del estante, me acostaba en el piso, lo abría al azar y comenzaba la búsqueda del tesoro, con el entusiasmo de quien está dando sus primeros pasos en la lectura. Por supuesto que no comprendía el significado de casi ninguna de las palabras que incitaban mi curiosidad pero a mí me bastaba con conseguir deletrear una y otra, en voz alta, guiada por el índice sobre el recorrido de las letras. Una tarde descubrí el lugar secreto en donde se agrupaban todas las palabras que empezaban con la letra “i”; sabía que estaba cerca, entonces, para no perder esa ubicación, me aseguré de colocar un papelito. Así se sucedieron las tardes de búsqueda y dispersión entre esas páginas hasta que finalmente, un día, se me apareció la palabra que había pronunciado mi papá y que ya nunca olvidé. La definición decía así:

Dícese de la persona cuyas dotes intelectuales son inferiores a las corrientes.

APG©

Queda archivado en el Cajón No Ficción, bajo el nombre Infradotada

 
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