Juan Carlos Onetti

En julio del `91, un par de jóvenes uruguayos, de paso por Madrid, dieron con Juan Carlos Onetti en el ostracismo de su cuarto. Tenía 83 años, moriría tres años después. Estaba lúcido, pero pudoroso de que su Montevideo natal lo viese en ese estado de decadencia física que lo tuvo en el reducto de una cama los últimos años de su vida, así es que accedió a la charla con el expreso pedido que no se mostrará su imagen, al momento que vaticinaba lo que finalmente ocurrió: las imágenes circularon, las imágenes circulan. Es por eso que en este espacio, respetando su petición, sólo se encontrarán con sus palabras y, con el mismo fundamento, por esta vez, no citamos la fuente del video original. No somos ingenuos, claro que sabemos que el morbo colectivo va a lanzarse a la búsqueda, pero no vamos a ser cómplices de ello.

En este testimonio único, probablemente el último que se haya registrado, Onetti habla de todo sin tapujos: de la dictadura, del exilio, del suicidio de Baltasar Brum, presidente de Uruguay, de Felisberto Hernández, de Joaquín Torres García y Picasso, y más.

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– ¿Estás mejor así, Juan Carlos, con la cama levantada?

– Me dijiste que no se trataba de una entrevista y me estás entrevistando.

– No, no se trata de una entrevista.

Sobre cuestión de fe

Me recuerdo de algo que me resulta desconcertante: que tu me dijiste que tu generación, en fin, uruguaya, necesitaba algo en que creer. Yo lo comparo eso con los libritos que trajiste y me parece que yo no fui, y mucho menos el más indicado, para dar un motivo de creencia o de fe, a no ser por la persona que representas tú, o alguna otra visita que tengo de Uruguay. Esto que yo considero como un experimento que estás haciendo, me parece absolutamente loco y por eso me interesa. Vamos a ver lo que resulta.
Sobre lugares comunes
¿Uruguay? Claro, los lugares comunes. La nostalgia, saber que nunca voy a volver. Recuerdo confusiones totalmente mentales y momentos felices que he vivido en Uruguay. No voy a volver por muchas razones: por mi edad, y porque Montevideo, ese Montevideo donde muchas veces fui feliz, no existe más. Pasaron quince años tanto para mí como para la gente que yo he querido en Montevideo, y que preferiría no verla, y que preferiría no mostrarme. Aunque ustedes están haciendo lo posible para que me vean la cara. Por simpatía, me resigno.
Sobre Baltasar Brum
Yo no sé qué edad tenía yo, entonces, pero seguí todo el proceso de Brum acorralado por los milicos de la policía. Y me acuerdo que…, ver a Brum con dos revólveres en la mano, y que se ve que lo habían…, prácticamente no han querido sacarlo de la cama, pero sí de retirarlo de su casa, porque estaba sin camisa. Incluso después le habían puesto el saco, y se ve que entraron a la casa de él dos policía de investigaciones -las tareas sucias siempre se las adjudican a la policía secreta-, para llevárselo a Brum, y Brum contestó con un balazo, que a uno lo lastimó en una oreja y que salió gritando, y eso se lo oí confirmar, mucho tiempo después, a la viuda de Brum. Ahora, lo que me sorprende es la falta de fotografías, la falta de reportajes gráficos, cual no había -que yo lo vi- tanto motivo para excelentes fotografías?, aunque sea desde el punto de vista exclusivamente periodístico, de modo que es evidente que ha habido una conspiración para esconder todas las fotografías por razones políticas, claro, no había que molestar al perro, había la esperanza de que pasaría el terrorismo…, estaba condenada la calle por los milicos, no se podía pasar porque había pasado un tranvía -me acuerdo- que le gritó uno que estaba en el pescante del tranvía, le gritó a Brum: “¡No te entregués petiso!” y después de eso quedó cortada la circulación y no…, tanto que Brum murió en el medio de la calle.
(El joven uruguayo le muestra una fotografía) ¿Esta foto? Sí, la vi… estaba, no me acuerdo ahora quienes eran…, uno de ellos era Alfredo Brum, los otro no sé quienes eran. Y queda muy curioso este pegado en el afiche Cine-Teatro Ariel, y la película El dirigible.
¿Yo? Sí, claro que simpatizaba. Con Brum, yo aprendí a leer leyendo El Día, cuando era niño, y siempre fui, como sigo siendo ahora, un Mayista, y un Mayista de Don Pepe, no? Que es curioso, que fue el único estadista que tuvo la República Oriental del Uruguay, y todo su afán, que era nacionalizar todos los servicios públicos, y además, que no dieran ganancias. Ahora está siendo todo al revés, están vendiendo, están privatizando todo.
Sobre Felisberto Hernández
Habíamos alquilado un departamento a medias, con una hermana de Felisberto, Amada Ronda. Me contaba muchas cosas de Felisberto. Y después lo conocí. Yo no sé porqué comenzó a engordar de esa manera. Después fuimos con Felisberto y otras personas a comer a esa famosa fonda, y el mozo nos dijo: “Van a tener que esperar” Entonces -dijo Felisberto- mientras tanto tráigame una docena de huevos fritos. Y así fue, le trajeron una docena de huevos fritos y se los comió, enteros, de aperitivo para la cena; después se comió su porción de gallina; ignoro si fue un muslo o un pecho de gallina. Y bueno, una noche que yo estaba allí, había mucha gente, muchos amigos, estaba Paco también por ahí, y cayó Felisberto…, y en el hallcito que había dejó una carpeta y entonces empezaron, sobretodo las mujeres, “Ay, Felisberto, ¿qué ha hecho?, ¿qué nos va a leer?” “No traje nada”, decía Felisberto “No, tengo nada” Bueno, coqueteó, coqueteó -en ese momento era delgado-, y después, al final, dijo: “algunas cositas traje” Estas cositas, eran treinta y dos páginas de lo peor que escribió -para mi gusto- que era La casa inundada. Y yo no sé si es un juicio literario válido el mío, o no, porque no me puedo arriesgar al suplicio de escuchar que me cuenten. Yo me acuerdo una conferencia, porque hay algo que me llama la atención, y creo que se equivocó, y no puedo dar la página de vuelta. En fin, y no puedo concebir esa gente que se reúne para leerse cada uno.
Sobre Joaquín Torres García y Picasso
En un momento le pregunté a Torres -en un momento que los tres estábamos vivos-, le pregunté por Picasso, y me dice: “Picasso” -él lo conocía mucho a Picasso- El maestro me dijo: “como pintor es un genio; como persona, es un apache”. Quedó bien definido Don Pablo Picasso. Y después le vaticiné, después de la caída de Madrid, le vaticiné que Barcelona no aguantaba ni una semana, lo cual un poco lo enfureció a Don Joaquín, porque él que había vivido, toda su vida artística en Barcelona justamente, aparte de París. Hay mucha gente que se da cuenta, aunque conozca París y lo haya disfrutado, se da cuenta que en París no son nada y en Montevideo, sí son algo…
Sobre parricidio
Para parricidar, para cometer parricidio, hay que escribir mejor que los padres, nada más. Basta con un libro mejor que lo que escribieron los padres, con eso ya está bien. Cumplido. Pero no veo ese libro.
Sobre trascender
Me están robando mi imagen. Me han agarrado con los perros atados…, lo que van a hacer con mi imagen, no sé. Yo soy inmortal, en Literatura. ¡No pueden mostrarme!


■ ■ ■

Nota personal: Cualquier similitud con hechos recientes en nuestro circo local (desde desoír la petición de Onetti, hasta momentos de la confesión), ya saben, es pura asociación libre.

APG©


2 comentarios to “Juan Carlos Onetti”

  1. A que se refiere con su ultima frase? o bueno mas que todo a “¡No pueden mostrarme!” porfavoor! se los agradeceria!

  2. Buenísimo el artículo. Lo incluí como enlace en mi entrada sobre Onetti: http://wp.me/pyM8s-bv

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