Enrique Wernicke

 

 

 29 de Diciembre de 1957
Se termina este año extraordinario. Y yo, a los casi cuarenta y tres, me encuentro en un comienzo. No tengo en dónde trabajar y ando en busca de un “empleo”. La fabriquita de soldados no da más y ninguno de los “grandes proyectos” ha cuajado. El saldo de este año es: un hijo que nacerá el mes que viene; un libro de cuentos “muy bueno”; una novela corta en borrador, y deudas por casi 20.000 pesos.

Aplastado por una sensación de fracaso. No se trata de que no me sepa haragán y borrachín. Pero hay borrachines que se “la rebuscan”. Yo no. El resultado de estos diez años de “no tener que ir al centro”, ha sido escribir cuatro o cinco libros. Y cambiar de mujer tres veces. Y de perro otras tres.

He perdido contacto y relación con cuanta persona puede ayudarme. Y, se me ocurre, he ganado fama de informal, borrachín y loquito. Mi único prestigio: “soldaditos”, los divinos soldaditos que me permitieron vivir sin pedir nada a nadie (de mis círculos literarios).

No tengo absolutamente nada. Y no lo tendré por mucho tiempo. Es evidente que yo calculaba, “dejando pasar el tiempo”, que algo iba a suceder, que “mi gloria” me iba a asegurar un modesto pan cotidiano y que vendrían a buscarme para darme changuitas. Eso no ha sucedido. El mundo no perdona la indiferencia y el engreimiento, y hay que hacer muchas cosas para que a uno “lo vengan a buscar”.

Analizando los hechos, pienso que la vida solitaria de estos años, tan útil para madurar a un Enrique escritor, me ha impedido salir a la calle. El problema de “dónde como” y “quién cuida del perro” me ataba ridículamente a mi casita. Años que no voy al cine, que no veo exposiciones, que no sé qué pasa en Buenos Aires. Si soporto el asqueroso viaje al centro, el traje y la sudada, me vendrá bien un cambio de vida. Pero temo sentirme abrumado por tanta cosa odiosa y que el trago me derrumbe la salud. Habrá que esforzarse como nunca. O pegarse un tiro.

 

Fragmento de Melpómene, diario íntimo de Enrique Wernicke que abarca treinta años de su vida (Marzo `36 a marzo `68).  Tiene una extensión de mil quinientas páginas y, aunque es inédito,  veinte carillas fueron publicadas en el Nro 29, de la revista Crisis, de setiembre del `75, seleccionadas por Jorge Asís.


2 comentarios to “Enrique Wernicke”

  1. Enrique escribía a diario sus Melpómenes (asi llamaba él a las notas del registro de su día.) No sé si Juan José habrá leído todas,pero muchas seguro que sí.
    Voy a hacerle llegar esto a Rosita, su viuda, a través de María ,su hija.
    Dejó gran obra a pesar de haber muerto tan jóven .
    Por suerte, hace poco, Capital Intelectual,reeditó su gran novela La ribera, en algunas librerías todavía se consiguen sus cuentos.
    Uno de los escritores fundamentales de la generacion “del 55”

  2. me extraña muchísimo que no se reediten sus obras y que no se lo divulgue más.
    Tal vez sea consecuencia de su “indiferencia” que podría verse más bien como el aislamiento al que las pequeñeces, la competitividad boba y mezquina tan frecuente en medios “culturales” condenan a los espíritus verdaderamente libres.

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