Ser digno de ser

Si el flagrante “presunto” culpable tiene el tupé de presentarse en la Estación Once, en el día de la tragedia, para declarar que el servicio de trenes es eficiente y seguro;

Si un ex funcionario viciado de complicidad tiene la desfachatez de pasearse impunemente y sin vergüenza entre nosotros;

Si un funcionario teñido de ineptitud comete la torpeza de admitir que de haber ocurrido el día anterior (feriado) la cifra de víctimas habría sido menor;

Si otro funcionario, igualmente responsable, tiene la impertinencia de presentar al Estado como querellante;

Si un periodista sin escrúpulos comete la canallada de divulgar al aire audios inoportunos y bajo sospecha;

Si un miserable vándalo tiene la osadía de saquear un kiosco y las pertenencias de las víctimas mientras ocurren los disturbios posteriores en la estación;

Si la principal aval de la corrupción y desidia es capaz de discursar por demás, y callar cuando es imperioso hablar;

Que no te extrañe, que el día de mañana, aparezca un abogado inescrupuloso y mediático afirmando que Lucas se suicidó, presentando como prueba contundente las imágenes del joven ingresando por la ventanilla a un lugar no permitido, hecho -por otro lado- constatado por su propio padre, y que manifiesta poco menos que Lucas viajó de polizón y que, de no haber estado allí, podría haberse salvado.

Que no te extrañe, entonces, que el Juzgado de siempre falle a favor de los culpables eximiendo a los imputados de resarcir y reparar -si es que cabe el término- económicamente a los familiares de Lucas.

No puedo dar crédito a todo ésto: a lo que ya pasó y a lo que podría llegar a ocurrir.

Duele.

Me resisto.

Yo deseo que el 1° de Marzo, la primera mandataria de todos y todas, presida la inauguración de la Asamblea Legislativa con este discurso: “Nos equivocamos. Pido perdón. El luto que visto es por ÉL y también por ellos.”

Y que calle.

Que se retire del Congreso y se interne en su despacho a accionar. No quiero un discurso excedido en anuncios de ningún tipo; ni que nos cuente que visitó el Mausoleo; ni que fue su cumpleaños, ni siquiera que se valga de invocar su nombre.

Que sea digna.

Que pida perdón y calle.

APG©

 


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