Carta Abierta a la Dra. Fein

CARTA ABIERTA

Estimada Fiscal, Dra. Viviana Fein

De mi consideración,

No va a poder creer lo que me sucedió. Esta mañana, mientras estaba en la cola del supermercado aguardando para pagar un mix de verduritas orgánicas para hacer una sopa, escuché hablar a dos mujeres, de similar apariencia a las del otro día. Como es sabido que los sábados la cola del súper es más larga, el diálogo también lo fue.

 – ¿Viste? La prima, al final, no era taaan prima…

– ¡¿Vos viste?! Dicen que sólo quería vender un libro…

– ¡Sí! Y cuando estuvo frente a la Fiscal, desdijo todo lo que había escrito.

– Ahora dicen que hace añares que no se veían, que jamás estuvo en su departamento. en Puerto Madero, que no conocía a sus amigos y que ni siquiera tenía su celular…

– ¡Sí! Lo dijeron en la tele…

– Yo lo leí en el diario. Una caradura.

– Una oportunista. Así, nunca vamos a cambiar como país.

Tomé mi bandeja de verdurita orgánica -aún restaba un trecho para mi turno- la puse en una heladera de gaseosa para que no se rompiese la cadena de frío, y me fui, pensando en la testigo Natalia Fernández, la moza que reveló el descontrol en el departamento del Fiscal, la noche que lo encontraron muerto de un disparo en la cabeza, que citaron a ratificar sus dichos para luego mediatizar en titulares que decían que la testigo se había desdicho. Caminé pensando que estaba siendo objeto de la misma maniobra, mientras repasaba lo que tenía en casa para improvisar un almuerzo.

Le escribo, Sra. Fiscal, para expresarle mi estupor, que seguramente usted compartirá, porque fue justamente usted ante quien declaré. Que me presenté haciendo referencia a que la escritura es mi modo de expresión, que ese libro reunía todo mi pensamiento acerca de lo que yo consideraba un magnicidio; que suscribía cada palabra de su contenido. Incluso -¿recuerda Doctora?-, estuve unos días antes en la Fiscalía ofreciéndole un ejemplar, siendo que si por eso me citaba, hubiese sido ideal que lo leyera a priori. Pero usted no lo aceptó, ¿se acuerda, doctora? Que le mencioné que millones de ciudadanos pensaban como yo y que usted adujo que mi palabra era “trascendente” por la familiaridad que me unía al Fiscal Alberto Nisman. Sin embargo, días después, cuando finalmente me presenté en la fecha acordada y solicité que el libro se adjuntara a la causa como mi testimonio, usted sin desmedro de ello, de pie pero con el dorso superior apoyado sobre el escritorio a causa de una dolencia en el nervio ciático -alegó cuando le ofrecí que se sentara-, quiso hacerme preguntas que apuntaron a neutralizarme como declarante, relegándome al lugar de pariente en segundo grado de Nisman, que no conocía a sus amistades, ni su departamento, ni su teléfono, y que hacía un par de años que no veía. Como si todo ello, invalidara mi saber personal sobre el asunto y mi opinión. Como si desde un principio, usted no hubiese tenido ningún interés en lo que yo fuera a decir, sino más bien, en desestimarlo a priori porque era “inconveniente”; como el de la moza Natalia Fernández. Mi declaración quedó resumida en dos hojas, que no incluyeron varios de los elementos aportados en esa declaración, lo cual no me preocupó, ya que todo está expresado en el libro que remití como elemento a la causa, el cual espero -ahora sí- tenga a bien leer, ya que es su deber profesional, y sumarlo al expediente complementado a mi testimonio.

Por cierto, leí también -en los Medios que divulgaron mi declaración que sólo pudo provenir de su Fiscalía, Doctora- cuestionamientos sobre mi idoneidad para escribir un ensayo que consta en el capítulo Por qué el Fiscal Nisman no se suicidó. A grandes rasgos, sin hacer un recorrido plagado de aburrimiento desde los orígenes del Ensayo como género literario, mérito atribuido a Michel de Montaigne hacia fines del S. XVI, debo decir que un Ensayo, no es otra cosa que un acto del pensamiento. Y a mí, nada ni nadie me va a impedir pensar libremente, ni tener una opinión. Y elijo hacerlo en este espacio -mi blog personal- porque es el único lugar genuino que encuentro para preservar mi palabra intacta, sin interferencias de ningún tipo. Por el mismo motivo que elegí el formato de libro para resguardar y cobijar mi opinión, sentimiento y saber sobre la causa del asesinato del Fiscal Alberto Nisman. Quien quiera callarme no tendrá otra opción que hacer lo mismo que hicieron con él.

Para terminar, y siendo usted tan permeable a las sugerencias, me atrevo a proponerle -si es que me cabe ese derecho ciudadano- que cite como testigo a la Procuradora General Dra. Gils Carbó, entendiendo que fue ella quien, días antes de lo ocurrido, le ofreció a Nisman reforzar su seguridad personal, atento a que había recibido alertas de carácter reservado que lo ponían en riesgo de vida. El origen de estas amenazas que la Procuradora dio rango de gravedad y verosimilitud, podrían echar algo de luz a la causa.

Me despido de usted, no sin antes admitir que sí, que IN MEMORIAM es un libro oportunista. Tan oportunista y necesario como oportunista y “necesaria” fue su muerte.

Le deseo que trabaje menos. Pero mejor. 

La saluda atentamente,

Andrea Paula Garfunkel

Prima de Alberto (En segundo grado)

*Está permitida su libre difusión, sin alteración del contenido


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s