Orden del Día / 170

 

«Artaud, poco antes de morir, ha podido realizar la obra hiperlúcida, la obra maestra indiscutible que es su «Van Gogh». El grito de Artaud -como aquel de Eduard Münch- parte «de las cavernas del ser». Para siempre la juventud reconocerá como suya esa bandera calcinada».

André Breton

 

 el suicidado artaud

 

En este maravilloso libro, Antonin Artaud escribe, a partir de la empatía que siente por Van Gogh, un lúcido ensayo en donde aborda, desde la psíquis del genio socialmente alienado,  hasta un escueto recorrido por su arte, que reflejo a partir de los párrafos que transcribo. Celebro, de paso, la acertada traducción de Aldo Pellegrini quien hace a la vez de prologador. Un deleite por donde se lo mire.

 

 

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«En mi cuadro Café por la noche, intenté expresar que el café es un sitio donde uno puede arruinarse, volverse loco, cometer crímenes. En resumen busqué, mediante contrastes de rosa tenue y rojo sangre y heces de vino, de verde suave Luis XV y Veronés en contraste con verdes amarillentos y verdes blanquecinos duros, todo junto en una atmósfera de horno infernal de azufre pálido, expresar algo así como la potencia tenebrosa de una taberna. Y a pesar de todo eso, asumiendo una apariencia de alegría japonesa unida a la candidez de un Tartarín (…) ¿Qué quiere decir dibujar? ¿Cómo se llega a hacerlo? Es la acción de abrirse paso a través de un invisible muro de hierro que parece interponerse entre lo que se siente y lo que es posible realizar. Cómo hacer para atravesar ese muro, pues de nada sirve golpear fuertemente sobre él; para lograrlo se lo debe corroer lenta y pacientemente con una lima, tal es mi opinión».

Vincent Van Gogh / 8 de septiembre de 1888

 

 

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«Quizás veas ese croquis del jardinero de Daubigny -es de las telas en las que trabajé con más ahínco-, e incluyo un croquis de viejas chozas, y los croquis de dos telas de 30 que representan inmensas extensiones de trigo después de la lluvia (…) El jardín de Daubigny con un primer plano de hierbas verde y rosa. A la izquierda un matorral verde y lila y una cepa de planta con follaje blancuzco. En el centro, un macizo de rosas, a la derecha y vallado, un muro y por encima del muro un nogal de follaje violeta. Sigue un seto de lilas, una fila de redondeados tilos amarillos, la casa en el fondo rosada, con techos de tejas azuladas. Un banco y tres sillas, una figura negra con sombrero amarillo, y en el primer plano un gato negro. Cielo verde pálido».

Vincent Van Gogh /23 de julio de 1890

 

 

«Qué fácil parece escribir así.
¡Y bien! Probadlo entonces, y decidme si no siendo el autor de una tela de Van Gogh, podríais describirla tan simplemente, sucintamente, objetivamente, durablemente, válidamente, sólidamente, opacamente, masivamente, auténticamente y milagrosamente, como en esa breve carta suya. (Pues el criterio del punzón separador no depende de la amplitud ni del crispamiento sino del mero vigor personal del puño.) Por lo tanto, no describiré un cuadro de Van Gogh después de haberlo hecho él, pero diré que Van Gogh es pintor porque recolectó la naturaleza, porque la retranspiró y la hizo sudar, porque salpicó en sus telas, en haces, en monumentales gavillas de color, la secular trituración de elementos, la terrible presión elemental de apóstrofes, estrías, vírgulas, barras que, después de él nadie podrá discutir que formen parte del aspecto natural de las cosas.
Y la barrera de cuantos codeos reprimidos, choques oculares tomados del natural, parpadeos tomados del tema, corrientes luminosas de las fuerzas que trabajan la realidad, han tenido que derribar antes de ser por fin contenidos y como izados hasta la tela y aceptados. No hay fantasmas en los cuadros de Van Gogh, ni visiones ni alucinaciones. Sólo la tórrida verdad de un sol de las dos de la tarde. Una lenta pesadilla genésica poco a poco elucidada. Sin pesadilla y sin efectos. Pero allí está el sufrimiento prenatal. Es el lustre húmedo de un pasto, del tallo en un plano de trigo que está allí listo para la extradición. Y del que la naturaleza un día rendirá cuentas. Como también la sociedad rendirá cuentas de su muerte prematura».

Antonin Artaud / 1947-48

 

 

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~ por APG en diciembre 11, 2012.

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