Orden del Día / 157

Un año atrás, miércoles 27 de Octubre, se decretaba feriado  nacional por realizarse el Censo 2010. Me había propuesto oficiar de censista para cronicar el evento in situ, pero algo inesperado ocurrió mientras ejercía esa labor que hizo que  el día  se precipitara irreversiblemente, convirtiéndolo en día histórico. 

 

Y vos, ¿en dónde estabas el día que murió Kirchner?

El hombre que me recibe viste una camisa llamativa, no por tener ésta un diseño desopilante sino por todo lo contrario: fue planchada y almidonada con apresto que resulta sobria y acicalada y acaso desentone con una mañana de feriado nacional. Pero estamos en Barrio Norte y este hombre que aparenta unos cincuenta años, que conversa a través de un teléfono inalámbrico mientras se escucha sonar infructuosamente otro desde un lugar que no preciso, me invita a pasar saludándome con un gesto a la vez que, con su mano libre, corre una silla y en otro ademán me ordena sentarme. Obedezco y despliego el cuestionario tipo B1 y mientras él deambula por el living emitiendo palabras sueltas como ataque, otro paro, internado; yo aprovecho para ir completando todo lo que en esta zona -Barrio Norte- es una obviedad: que estoy en un departamento, que hay personas presentes, que el material predominante en los pisos es tarugado (aunque no deba precisarlo), que el agua proviene de red pública, que este hogar tiene baño –reanimando-, que desagua a red cloacal… Finalmente corta y se dirige a mí: “Buenos días, póngase cómoda, discúlpeme, ¿quiere un café?, ¿un vaso de agua?, ya estoy con Usted”; pero antes atiende el otro teléfono que persiste en sonar.
Que el baño en esta vivienda no es compartido, que el gas proviene de red pública… Cuelga y, como si el almidón se le hubiese esparcido por el rostro, me dice: “Murió Néstor Kirchner”. Creo que aún no son las nueve y media y yo, sin tomar verdadera dimensión de lo que ese hecho implica, lo primero que atino a pensar es que, según lo estipulado en el manuel del censista ,Kirchner estará vivo -para las estadísticas- hasta que se realice el Censo 2020. Uno de los teléfonos interrumpe mi absurda reflexión. Calafate, Hospital.
Por fin se sienta y así me entero que se llama Jorge y que yo soy pésima adivinando edades: tiene sesenta y dos y no cincuenta como había imaginado. No se lo pregunto, pero me lo dice: es ingeniero. Yo sólo debo remitirme estrictamente a las preguntas del cuestionario por más que algunas estén formuladas pésimamente.
No sé lo pregunto, pero lo advierto: está involucrado -aunque yo no consiga precisar de qué modo- políticamente, como opositor u oficialista. Ninguna pista en su actitud rígida me lo devela.
Es 27 de octubre de 2010, la fecha duplica su relevancia. Yo debo seguir con el recorrido: Julio -el auxiliar del encargado- está esperándome en el pasillo para seguir con la vivienda contigua. El sindicato lo tentó con el pago de horas extras por acompañar al censista pero nada decía esta labor sobre ser amable y dispuesto, pero Julio lo es. Bajamos un piso por la escalera.

― El muchacho del “B” se va a bañar y dice si podés pasar en un rato.

Yo no debo alterar el orden consecutivo en los cuestionarios, entonces lleno sólo la numeración dejando el resto en blanco y sigo la sucesión.
A la mujer que me recibe le digo con el tono que se suele decir parece que va a llover (aún no lo digiero): “Murió Néstor Kirchner”. Ella se acelera sobre el control remoto y pone TN. Está Piñón Fijo. Hace zapping por el resto de canales, todos con su programación habitual. Me mira pensando que estoy loca. Me doy cuenta que manejo una información anticipada aunque sólo sea por pocos minutos: en los siguientes departamentos ya hay algunos televisores confirmando la noticia.
Le pregunto a Julio si el del “B” se terminó de bañar. Aún no. Sigo avanzando tres casilleros más. No percibo emociones de ningún tipo en los censados. ¿Les sucederá lo mismo que me pasa a mí? Una fachada implacable y un interior revolucionado, elucubrando, disparando miles de pensamientos, recuerdos, reflexiones, posibles movimientos de tablero, etc.
Dos casilleros más. ¿Y? ¿El del “B” terminó con la planchita? Julio se ríe y dice que no. Más vale que se apure porque ya estoy terminando con este edificio. Últimos tres casilleros. Ahora sí, retrocedo cinco y el del “B” ya está bañado, peinado, perfumado. ¿Qué te sirvo? ¿Un café? ¿Un mate? ¿Algo de comer? Interrumpe continuamente mis preguntas concisas con las suyas impertinentes: Que si soy docente, que porqué decidí censar, que si vivo por acá, que qué perfume tengo puesto… Por suerte el cuestionario es corto, yo estoy más rápida que nunca y antes de que me pregunte ¿De qué signo sos?, ya estoy fuera.

 

APG©

 

Notas relacionadas: Capacitarse para censar

Queda archivado bajo el nombre ¿En dónde estabas el día que murió Kirchner? en el cajón Salpicaditos de actualidad.

 

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~ por APG en octubre 27, 2011.

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