Orden del Día / 87

 

Decir “perdimos” no es lo mismo que decir “nos ganaron”; si bien el resultado es el mismo, lo que difiere es el modo en que se llega a él. La Argentina hubiera perdido de todos modos sea quien fuere que haya sido su eventual contrincante y esto estaba claro desde mucho antes de comenzar la rueda de eliminatorias. No, no…, no estoy hablando de futbol, no podría -es una de las tantas cosas para las que no estoy preparada-; pero el futbol hace tiempo que dejó de ser un deporte. Antiguamente, cuando sí lo era, mucho antes incluso de que la imagen manifiesta del trío lo ponga en flagrante evidencia, se lo consideraba -al futbol- un deporte de equipo, espíritu de cuerpo -lo que se dice- donde, como ya sabemos, si no funciona, los devoran los de ajuera. Una de las premisas de un buen equipo es que debe ser un todo, no una suma de partes y mucho menos una suma algebraica, donde se contempla la posibilidad de un resultado negativo. En un equipo no debiera haber figuras, ni lucha de intereses individuales, ni egos, ni marquesinas; la competencia no es interna, sino hacia el afuera. Al que tuviera ambición de sobresalir, en lo que es la dinámica de un grupo, cualquier psicólogo le recomendaría que pruebe con el tenis o el golf. Un buen equipo necesita de tiempo para conocerse, para consolidarse, para perdurar; porque un buen equipo tiene que perdurar. Si alguien preguntara por la formación de Los pumas o Las leonas, la respuesta sería siempre la misma y ahí está su fortaleza; son equipo, tienen espíritu de cuerpo y la única manera en que podrían perder es que se enfrentasen a un rival competitivamente superior, que -por otro lado- debiera ser la única forma permisible de perder. Argentina no perdió por ese motivo, y de ahí lo inadmisible. No hay misterio mayor que conocer la formación de la selección -y podría ampliar a la mayoría de los equipos- antes de cada enfrentamiento. Todo muta, permuta. Éste, entiendo yo, que es el principal problema: no existe selección alguna, no hay equipo con un interés común; es sólo una suma algebraica de individuos con sus propios intereses individuales, escoltados por detrás -o por delante- por personajes siniestros, o empresas, o gobernantes, o dirigentes, o técnicos, o barras, con otros o los mismos intereses. Ésto nada tiene que ver con el deporte.

 

Hay un dicho que dice: “en la cancha se ven los pingos”, y a mí se me ocurre imaginar una situación análoga a la tragedia de Los Andes, reemplazando al equipo de rugby uruguayo por la selección argentina de futbol como pasajeros de ese vuelo. Me animo a arriesgar que no habría habido sobrevivientes.

 

En esta instancia, donde todo está tan podrido, tan prostituido, lo mejor que nos puede pasar es que quedemos eliminados de Sudáfrica 2010; es la esperanza para empezar de cero, desde el fondo mismo de la nada.

 

APG©

 

Queda archivado en Salpicaditos de Actualidad como ¿Hay equipo?

 

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~ por APG en septiembre 10, 2009.

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