Orden del Día / 56

Seguimos con la misión de subir Una historia, cualquier historia, en proceso de escritura. Hoy ofrecemos el Episodio III. Recuerden que clickeando aquí, pueden leerlo desde el comienzo.

Episodio III · Recuperando recuerdos

María Paula había dormido tres días de corrido a su regreso de viaje -hecho que vos atribuiste al jet lag-, por lo que éste era su primer día de trabajo en más de un mes. Desperdició la mañana intentando readaptarse al ritmo de la rutina laboral pero su dispersión era tal que, impulsivamente y mintiendo un almuerzo con un cliente, salió de su oficina a tan solo un par de horas de haber llegado. Aunque su vestimenta se oponía a la practicidad de otra ropa más cómoda y acorde a una caminata, se echó a rodar por la avenida, en línea recta, desde el bajo, desde el punto mismo de su nacimiento. Emprendió la subida sin sentir el esfuerzo, atravesó el microcentro, pasó por alto la peatonal, ignoró la desfachatez de las marquesinas, todo en marcha rápida. Sólo se detuvo en el stop del semáforo de la Avenida 9 de Julio, en donde se abstrajo mirando a esa bestia blanca y pura, flagrantemente erecta hasta que la luz le dio paso y, poco después, volvió a hacerlo -a pararse en otro stop- en la Avenida Callao. Fueron más de veinte cuadras hasta detenerse en una que se numeraba dos mil cien.

Alguna justificación debe haber para que un narrador -en este caso yo- elija escribir el transcurso de diez años en lo que quepa en una línea, y convertir el lapso de minutos que demora una caminata en un episodio que abarque varias páginas. Es importante comprender esto: probablemente, la razón sea que, en algunos casos, una acción singular tiene más contundencia que una vida entera. El caso es que María Paula había recorrido en línea recta, más de veinte cuadras como una autómata, careciendo de un destino fijo, es decir, sin motivo aparente -al menos, no de manera consciente-, y se detuvo allí… en la puerta del local de comidas rápidas. El comedero atestaba de adolescentes: estudiantes en guardapolvo, unos;  en uniforme, otros. Y se figuró ese hábitat mucho tiempo atrás, cuando esa arquitectura era otra. Superpuso las imágenes del antes con las del ahora: en el espacio que hoy abarcaba la línea de cajas, había habido un tabique con libros de piso a techo, segmentados por género (historia universal y filosofía, se ubicaban en esos estantes). Todo se veía y olía distinto. Entró y se sentó en una silla premoldeada en plástico rígido de color naranja, en el lugar en donde supo haber una mesa central repleta de libros. Entonces se vio a ella misma, a ella adolescente, vestida con un jumper gris, dando vueltas alrededor de esa mesa. Instintivamente palpó su costillar, cómo buscando algo y fue como si hubiese encontrado el libro que nunca había devuelto a su sitio. Porque no pudo, porque ese libro Dailan Kifki, de María Elena Walsh, en una edición muy vieja, la primera, la del año ´66- conservaba la voz de su padre recitándolo para ella. Recordó también que le había escrito una nota al prestador de libros en donde daba las explicaciones de su deserción, aunque no había tenido el coraje de dársela, y que conservó entre la tapa y la primera hoja del libro. El papel debiera haber sufrido el paso del tiempo, probablemente se encuentre ajado y amarillento, pero con seguridad conserve escrito en pulso infantil:

 Señor prestador de libros,
gracias y perdón.
Gracias por no decir nada y dejarme leer.
Perdón por desaparecer y robarme este libro.
Señor prestador de libros,
no quiero dejar de verlo,
 pero no puedo desprenderme de este libro,
y si regreso usted va a esperar que lo devuelva,
por eso no voy a volver nunca jamás.
Señor prestador de libros,
Gracias y perdón.
M. P.

Recién registró que lloraba cuando un joven, vestido con camisa a rayas y una gorra roja, le preguntó si se encontraba bien. Al ver que María Paula se recomponía secándose las lágrimas desteñidas de rimel, le dijo si deseaba que le tomase el pedido y se dispuso a apuntar, sobre un block en dónde sólo se admitían las equis, lo que ella le solicitara. Pero María Paula se reincorporó y bajó por una escalera señalizada en dirección a los baños, que era la misma por la que, una década atrás, lo veía aparecer a Juan Martín, cada viernes alrededor de las cuatro, oculto tras una pila de libros. Entró a un cubículo y se sentó sin desvestirse, tan solo para sostenerse, para sostener lo que sus piernas no conseguían mantener en pie. Siguió trayendo el pasado que había decidido olvidar hacía tiempo porque dolía, porque duele. Mientras olía a papel quemado recordó la vez que había visto llorar a su padre. María Paula era muy chica pero ahora, por primera vez, se acordaba bien. Ese día él estaba en su estudio, sentado en el piso rodeado de cajas que llenaba con los libros que sacaba de la biblioteca. Una biblioteca inmensa que supo cubrir todas las paredes hasta ese día: el día que vio llorar a su padre. Él llenó las cajas hasta vaciar los estantes por completo. Durante toda esa noche cargó los bultos hasta el baldío de enfrente. Allí hizo una fogata que olía a papel, a papel quemado. Como si el humo le hubiese picado en la naríz, María Paula estornudó, sus mocos se mezclaron con sus lágrimas. Le dolían los ojos. Ahora entendía el porqué había ido tomando uno a uno los libros que recordaba haber visto en la biblioteca de su padre…, y porqué los iba devolviendo a la librería luego de leerlos. Le había quedado el temor a armar una biblioteca por toda una vida y luego perderla. Lo había descubierto; por fin vio todo con claridad. Sin más nada por llorar, vuelta al presente y dándose cuenta que casi tres horas era un tiempo razonable para un almuerzo con un cliente, subió a un taxi y, mientras tomaba un espejo y un labial de su bolso para retocarse, indicó al conductor el cruce de calles en donde estaba su empresa.

APG

 Continuará…

Anuncios

~ por APG en mayo 14, 2009.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s