Orden del Día / 38

 

¿Alguien osó pensar que no iba a ser capaz? Pues bien, desestímenlo; de ningún modo habría dejado pasar otra oportunidad de auto-convocarme a una nueva antología. Y, con seguridad, seguiré escribiendo en tanto y en cuanto las antologías subsistan. Amén.

Esta vez se trata de Los días que vivimos en peligro, que el sello Emecé llevará a las librerías en el mes de Abril.

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Puede ser un tema de discusión si el tema que abordo en este cuento es un hecho político social trascendente. No tengo ganas de esperar a que ocurra una tragedia para que lo sea. ¿Cuántas muertes son necesarias para calificar de esta manera? ¿Doscientos fueron para Cromagnon…? Además, justamente por ser una versión unplugged para esta antología, no existe editor alguno que pudiera vetarme. ¿Ventaja o desventaja? Who knows?

 

Pues bien, les presento entonces un anticipo de lo que próximamente será cuento:

 

Corrupción masiva, por APG©

 

Episodio I

Te había sucedido otra vez y, cuando esto pasaba, indefectiblemente, el café acababa arrojado, sin siquiera intentar servírselo al Ingeniero, en la rejilla de la pileta de la cocina junto a la borra apelmazada que deshacías entre tus dedos, con la ayuda del chorro de la canilla, para no tapar la cañería; entonces, enjuagabas nuevamente la cafetera, medías la dosis justa de café molido fino, alisabas la superficie como suelen hacer las aplanadoras en las playas por la mañana antes que llegue el aluvión de veraneantes; colocabas la medida exacta de agua, justo hasta allí en donde está la muesca; enroscabas la parte superior con la inferior, y llevabas al fuego por el lapso de tres a cuatro minutos que no te daban tiempo a despegarte de la hornalla porque, si esto sucedía -es decir, si te alejabas-, podía ocurrir justamente lo que acababa de suceder: que el café comience a bullir y vos no estés presente para apagar el fuego a tiempo antes que el café se queme y esto vos lo sabías bien porque, en el tiempo que llevabas trabajando en la Municipalidad colaborando con el Ingeniero -colaborar es una manera optimista de referirse a la función que desempeñabas allí dentro-, habías aprendido que no era conveniente servirle el café quemado haciéndoselo pasar por café bueno; vos, Nuvosso, no correrías el riesgo de ser despedido -eso con seguridad, porque habías llegado allí gracias a un vínculo de tu primo, el respetado (o temido) puntero político de La Matanza, a quien alguien le debía un “favor” y esos favores se pagan a perpetuidad- pero guay de soportar los humores del Ingeniero si llegara a probar, o tan sólo a oler, el café quemado; el simple hecho de recordar los episodios en que él te había escupido el café caliente en la cara, te hacían desistir del intento.

Nunca nadie te había llamado por tu apellido; en el barrio, allá en La Paternal, te conocían por Mingo y así también te llamaban tu madre, tu hermana y tu primo pero, al entrar a trabajar en la Municipalidad, tuviste que acostumbrarte a la fuerza a que te llamaran Nuvosso, del mismo modo que sucedía con la Fernández y con el negro Godoy, con el Ingeniero y con el tano Ravelli, de quienes no tenías ni idea de cuáles eran sus respectivos nombres. Hacía más de quince años que vos eras Nuvosso de catastro: “Pedíselo a Nuvosso, de catastro”, “Lo tiene Nuvosso, de catastro”, “Que venga inmediatamente Nuvosso, de catastro”, “Debe haber sido Nuvosso, de catastro”. Esa mañana, cuando escuchaste a Rosita, la privada del Ingeniero, luego de tres insistentes llamadas, decir: “Disculpe señor, usted está equivocado; le repito que aquí no hay ningún Mingo”, además de arrimarte y pegar tu oreja al tabique del despacho contiguo y -justamente por esa acción- descuidar y quemar el café, supiste que tu primo te andaba buscando. Tu paso y tu pulso se volvieron inestables, la taza no contuvo el vaivén del líquido, el golpe de puño del Ingeniero sobre el escritorio manifestó que el café se había derramado. Otro día difícil para vos, Nuvosso, en la Municipalidad.

Continuará…

APG©

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~ por APG en marzo 19, 2009.

Una respuesta to “Orden del Día / 38”

  1. Hola, Andrea. Yo también me salgo del tema. Lo de Pauls tuvo buena recepción. Ahora estoy pensando en qué cuento elegir para la segunda ronda. ¿Se te ocurre alguno?

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