Orden del Día / 32

Vía Nación Apache

Alma Schindler Mahler Gropius Werfel

(Viena 1879 – Nueva York 1964)

Retrato de una mujer ¿fascinante, fascinada o facinerosa?

 

Según la mitología griega, “musa” es una deidad protectora e inspiradora de las artes. Es probable que esta definición sea parte pero no suficiente para abarcar la vida de Alma; mujer extremadamente bella, inteligente, ambiciosa, independiente y de fuerte personalidad -combinación explosiva de rasgos en una misma mujer que garantizaron que su existencia no fuese invisible en la vida y obra de personajes notables del siglo XX-

Alma Mahler (Viena-1909)

Alma Mahler (1909)

Alma Marie Schindler tuvo la fortuna de nacer en una Viena que rebotaba como espejo la Belle Epoque parisina; de ser hija del pintor Emil Schindler, de crecer rodeada de artistas amigos de su padre. En este contexto, no resulta difícil imaginarla entre tertulias de adultos, en aires saturados por el humo del tabaco, en travesuras de infancia, o como una perla de juventud entre un sinfín de bohemios. Ambiente privilegiado, propicio para forjar lo que sería su fascinante historia. Niñez donde la locura, la transgresión, la promiscuidad y el arte eran la forma de vida, y bastaron para volverla precoz e inquieta. No resulta improbable entonces situarla en algún atelier, acaso un altillo, siendo testigo de pulsos célebres, observando modelar voluptuosas curvas femeninas, convirtiéndose en cómplice ciega de juegos de trampa amorosa; experimentando su primer beso en brazos de Gustav Klimt, más de cuarenta años mayor que ella, quien dejaría sellado el testimonio en su obra más reconocida. Seguramente, también incidieron en tal precocidad la llegada de productos japoneses que, gracias a la reapertura de algunos puertos desde mediados del S XIX y la vuelta del comercio exterior con Japón, se extendieron por toda Europa. Porcelanas, estampas, arte oriental, literatura, cuyos libros contenían nuevas y diversas formas de amar. Abundaban imágenes de erotismo explícito, sensualidad de línea, que iban en contra de la moralidad conservadora de la época, al punto de considerarlo pornográfico. Este nuevo lenguaje probablemente no haya servido sólo de escuela a los amantes, sino que hizo a la vez de fuente de inspiración de artistas. Esta es la coyuntura en la que Alma crecería.

Siendo muy joven (sólo dieciocho años), exceptuada y amparada por su propio encanto, fascinó y se casó con un hombre mayor, el compositor Gustav Mahler quien, perdidamente obnubilado, escribió maravillosas partituras que aún hoy suenan. Poco duró el idilio para Alma; angustiada por la pérdida de la primer hija de las dos que tuvo el matrimonio, viaja a Baden1, el balneario de elite de la burguesía europea; ese mismo que frecuentaba Stephen Zweig y que supo retratar bellamente al tiempo que estallaba la Primera Guerra Mundial, desencadenada por el asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero del Imperio austrohúngaro, y su esposa la duquesa Sofía. El archiduque sabía que una visita programada a finales de junio de 1914 a Sarajevo era riesgosa, sin embargo se empeñó en hacerla. El 28 de junio, en la capital Bosnia, el coche del archiduque sufrió el atentado terrorista. Mientras tanto Alma libraba otra batalla, de esas que se dirimen en la cama, debatiéndose entre forma y función, en los brazos de su amante, el arquitecto Walter Gropius, fundador de la Bauhaus. El esposo Gustav, en otra cama con forma de diván, sumido en profunda depresión por la confesión desfachatada de tal infidelidad por boca de su propia mujer, exponía la angustia a un Sigmund ávido de intimidades oscuras para desarrollar las bases teóricas del psicoanálisis. Esta situación emocional quedó plasmada en tres movimientos de la obra que componía por entonces: la Sinfonía nº 10. Sin conseguir recuperarse, Gustav Mahler, moriría un año después.

En duelo y en pos de pronta recuperación, Alma abandona a Gropius para conocer a Oscar Kokoschka, a través de Adolf Loos, que si de delito y ornamento se trata, no hay quien lo iguale. La relación con Kokoschka probablemente haya sido la más pasional, intensa, tormentosa y explosiva en la extensa vida amorosa de Alma. Para esos tiempos él era un joven y talentoso pintor que no tardaría en hacer de ella su musa inspiradora. La prueba de ello es que testimonió en bellos e impactantes cuadros, como “la novia del viento”, el retrato de los amantes inmersos en su tempestuosa relación.

Windbraut, Oscar Kokoschka (1914)

Windbraut (Oscar Kokoschka, 1914)

Sabido es que las tormentas no son duraderas y los temporales fuertes dejan destrozos. Se dice que Kokoschka quedó tan perturbado luego de la ruptura (Alma había quedado embarazada y abortado sin considerarlo), que se hizo construir una muñeca que la reproducía en tamaño natural, con la cual fue visto acompañado en el palco durante una función de ópera. Tras un fallido intento de suicidio, Kokoschka se alista en el ejército para combatir en la Primera Guerra Mundial.

Alma por su parte, regresa una vez más, a cobijarse en los brazos de Walter Gropius con quien finalmente se casa. Este segundo intento dura más de diez años. El matrimonio se disuelve luego de la muerte de Manon, la hija de ambos. Tras este duro golpe Alma se casaría, tiempo después, con otro célebre, el novelista Franz Werfel con quien huye de Austria, eludiendo el cerco del régimen Nazi, hacia Norteamérica donde finalmente pareciera asentarse en matrimonio.

A lo largo de su vida completaron su lista de amantes y buscadores de inspiración: Max Burckhard, director teatral; el compositor Alexander von Zemlinsky, con quien estudió piano; Rilke y, sin datos fehacientes, también se murmura que uno de los tantos pares de piernas abiertas (que bien supo imitar Sharon Stone), que retrató el artista Egon Schiele, le pertenecen.

Mujer con medias negras, Egon Schiele (1931)

Mujer con medias negras (Egon Schiele, 1913)

Alma, en carácter de viuda, percibió hasta su muerte, los derechos de la obra de Gustav Mahler. Sobre él escribió en su diario:

Viví su vida… cancelé mis anhelos y mi ser… su genio me devoró.

Alma Schindler Mahler Gropius Werfel, nombre completo que incluye a los hombres con los que legalmente estuvo casada; mujer fascinante, fascinada y facinerosa, se define a sí misma en otro fragmento de su diario:

Soy absolutamente vulgar, superficial, sibarita, dominante y egoísta.

Resulta apasionante escarbar en cómo puede una mujer influenciar en la vida y obra de un artista. No creo que exista mejor ejemplo que este.

 

1El verdadero balneario en el que Alma Mahler y Walter Gropius mantuvieron sus encuentros furtivos fue Tobelbad, cerca de Graz, Austria. Baden fue tomado por representar idénticas características y por ser funcional al relato.

APG©

Febrero, 2009

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~ por APG en febrero 20, 2009.

Una respuesta to “Orden del Día / 32”

  1. Un artículo fantástico. Me ha encantado.

    Saludos

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