Está
Sobre un suelo de baldosa gris. En una silla de mimbre y verde. Bajo un toldo garabateado en francés. Está. Ordena su compacta caligrafía en un cuaderno y es ese pulso, su destreza, lo que da sentido a la hoja llana. No se trata de París; capaz sea Londres, Madrid. Con una brisa opaca le anuncio que cae la tarde. Me ignora. Con otra más cruda, insisto. Es ahí cuando tuerce el brazo para cotejar en su reloj, y es en ese gesto de separar el puño del papel que alcanzo a leer: Sobre un suelo de baldosa gris.
APG • Abril 2011

¿Cómo es posible en semejante brevedad, crear un escenario, introducir un personaje diciendo simplemente “está”, cambiar el punto de vista inmiscuyendo la voz omnipresente de Dios en 1era persona para quebrar la acción incomodando y, además, salir airoso?
Sólo es posible con intrepidez, impertinencia, precisión, que no son otra cosa que partes del todo: el talento.
Carlos dijo esto en abril 16, 2011 a 2:03 pm